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Autismo: ¿Por qué son tan tiernos nuestros hijos?

por Fco. Javier Garza Fernández

Frecuentemente decimos que nuestros hijos son muy tiernos y es muy posible que gente ajena que los conozca piensen que estamos locos y no están del todo equivocados.

Cuando los abrazamos, nos rechazan.   Para lograr una pequeña sonrisa, debemos hacer todo un circo.   Para lograr una mirada de ellos, se la tenemos que exigir.   El socializar con nosotros lo hacen casi en forma obligada.   Si hablan es raro y difícilmente nos expresaran un sentimiento.   Si los dejamos solos para ellos es mejor la mayor parte del tiempo.   ...y muchas cosas más.

Y es que para conseguir cualquiera de lo anterior, luchamos en forma incansable hasta lograrlo con ellos... pero cuando sucede al fin, el esfuerzo invertido nos premia con un instante tan mágico que dice uno a sí mismo que valió la pena y lo disfrutamos enormemente.

Esos instantes mágicos los atesoramos, los recordamos siempre y por ellos continuamos trabajando por nuestros hijos, para que continúen existiendo una y otra vez.

Y es que cuando se lucha tanto, cuando se pone tanta esperanza, se aprende a valorar el más mínimo detalle.     Por eso, nuestros hijos son tan tiernos.

DECIDIDO A SER FELIZ

Como se mencionó anteriormente, cuando el padre elige a su hijo, aprende a gozar de esos pequeños detalles y cada día ve una oportunidad de ser mejor.   La felicidad no se da por sí sola, se debe desear y luchar por ella.

El padre feliz ama a su hijo y se enorgullece de él.   No se guía por las expectativas de los demás y ríe de las caras de asombro de otras personas ante las diferentes situaciones que acarrea a su hijo.

En una de tantas ocasiones que mi hijo y yo fuimos al cine, en la dulcería la joven le preguntaba al niño qué dulce deseaba.   Por supuesto, mi hijo solo apuntaba con la mano y yo, entre risas le dije: “si logras que hable, estás contratada...  él es autista”.   Ella se quedó paralizada por mi comentario (un padre que hace burla de su hijo) y no entendía que para mí, ser autista es como si fuese gordito, flaquito, alto, chaparro, tartamudo, etc.

La palabra “autismo” no es tabú, así son ellos y debemos enseñar a la sociedad a no sentirles lástima sino mas bien, aceptarlos como lo harían con cualquier otro niño.

Personalmente, yo adoro a mi hijo y me siento muy orgulloso de él.   No existe día que no presuma a alguien las travesuras que hace, sus ocurrencias como últimamente le ha dado por usar lentes oscuros (claro, que los rompe cada 2 o 3 semanas y le compro otros) y toma poses para que lo veamos.

Más de una vez gente cercana a mí me ha comentado que tengo un amor enfermizo por mi hijo.   ¿Porqué se considera enfermizo?   ¿Si el niño fuese “normal”, entonces sí estaría justificado?   El mundo empezará a ser mejor cuando se pueda comprender que es más importante ejercer una paternidad para uno mismo que una “paternidad responsable”.   La segunda no implica necesariamente la primera, pero de la primera siempre se deriva forzosamente la segunda.

Hoy es el día en que puedes decidir ser feliz.

Un niño autista puede dar

satisfacciones al igual que

cualquier niño normal.

Debemos entrenarnos de

nuevo y desechar todo lo

aprendido para encontrar

sus formas de juego.






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Autor: Fco. Javier Garza Fernández
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