| Libros Imprescindibles: | ||||||||||||
| ||||||||||||
Cuando me dieron el diagnóstico de mi hijo, dos cosas
invadieron mi mente: saber qué era el autismo y cómo pensaba o sentía mi hijo.
Lo primero fue mas fácil, pues existen muchos libros
además de un sinfín de artículos en el internet. Lo segundo fue una tarea mas difícil. Debía buscar en chats, libros y artículos escritos por ellos;
luego debía asimilar esa información desde una perspectiva que rompía los
esquemas establecidos en mi mente.
Comprender al autista implica desear sentir y pensar como él, penetrarse
en sus juegos y rituales lejos de acoplarlo a los nuestros.
Hay mucho que aprender de ellos y mucho más que,
debido a nuestra incapacidad o soberbia, nunca entenderemos. Sin embargo, cualquier paso que avance en
lograr el vínculo con su hijo, será siempre de gran provecho, por pequeño que
éste parezca.
Pensando en Imágenes es un libro en el cual su autora, Temple Gradin
(autista de alta funcionalidad), explica que los procesos mentales en los
autistas son diferentes. Cuando habla
ella de sí misma, hace una analogía de su mente con la de un disco duro de gran
capacidad de almacenamiento pero de muy lenta velocidad y un deficiente sistema
de archivos.
El ser humano guarda la información en su cerebro a
través de conceptos y símbolos. Todo
recibe una definición y cada idea se interrelaciona con otra. Nuestro razonamiento es abstracto y nos da
la capacidad de entender todo aquello que incluso no podamos ver, como lo es
Dios, el bien y el mal, etc., debido a que le damos una definición lógica. Como un detalle les puedo aseverar: un
autista jamás dice mentiras por lo mismo que no puede comprender el decir cosas
que no son o no existen, entonces si descubre que si su hijo dice una
mentirita, es válido hacerle toda una fiesta (expresión mexicana), pues eso
demuestra un gran avance (solo evite que se convierta en costumbre).
Para el caso de los autistas, la información la guarda
en imágenes (como fotografías) y los conceptos o definiciones lo logran por generalización,
es decir, por la asimilación múltiples imágenes de un mismo concepto se generan
una serie de características similares que le permiten de establecer una
definición por la relación entre ellas.
Por ejemplo, para nosotros el definir un automóvil es
sencillo: “cualquier vehículo con motor y ruedas para transportar gente o
cosas”. Un autista tiene que tener
la imagen de varios automóviles, todos de diferentes marcas, colores y estilos,
donde por similitud entre ellos puede establecer: “todos tienen llantas,
todos tienen motor, todos transportan gente o cosas, todos esos son
automóviles”, de tal manera que mientras si nosotros escuchamos la palabra
automóvil, simplemente pensamos en el concepto, ellos tienen que traer a su
mente toda esa gran cantidad de imágenes.
A un autista se le facilita el entendimiento si al
platicarle algo, usamos lenguaje descriptivo, es decir, describimos como
si platicáramos de una pintura o retrato.
Estoy seguro que más de un profesional dirá que el
término es incorrecto, pero a mí como padre me es mas fácil entenderlo
así. La discriminación auditiva
selectiva consiste en la inhabilidad que tienen algunos autistas para separar y
bajar el volumen dentro de su oído a aquellos sonidos que interfieren,
distorsionan o vician el entorno.
Como un ejemplo práctico para comprender esto,
¿cuántas veces han platicado con alguien que está al extremo opuesto de la mesa
y le entienden perfectamente, aún cuando en medio están otras personas hablando
al mismo tiempo? Eso lo logran ya que
su cerebro disminuye en su oído el volumen de las voces intermedias y centra la
atención en la voz que desean escuchar.
Esto es como si tuviésemos un ecualizador dentro de nuestros oídos con
el cual seleccionamos aquello que nos agrade y desechamos todo lo que nos cause
distorsión o interferencia.
Ahora imaginemos que no tuviésemos esa habilidad y que
todos los sonidos llegasen al mismo volumen y en forma constante, incluyendo
aquellos que nos desagradan. ¿No se
volverían locos? Es por ello que los
autistas no soportan algunos sonidos, porque mientras nosotros simplemente le
bajamos el volumen interno, ellos no pueden hacerlo y esos sonidos les
lastima. Esta es una de las razones
por lo que los niños autistas son hipersensibles auditivamente y a veces, hacen
una rabieta al sonar la licuadora.
Tuve la oportunidad de intercambiar correos y platicar
por internet con un singular personaje quien en su momento me ayudó mucho a
comprender mejor a mi hijo; él se llama Guy Lelarge, de origen francés,
adulto, con Síndrome de Asperger y con una mente privilegiada. En una de las muchas pláticas que tuvimos,
él me describió un padecimiento que tiene y que se denomina prosopagnosia,
esto es, la incapacidad de reconocer caras.
Este término desconocido por muchos, es un
padecimiento que sufren muchos autistas
y aspergers al no poder reconocer caras, algunos tan severos que no
pueden reconocerse a sí mismos frente a un espejo. Me platicaba Guy de cómo cuando veía una cara, se le nublaba la
imagen y veía otras cosas, por ejemplo, “una cebolla” (sic).
Otra situación de los autistas, es que si no tienen
prosopagnosia, el mismo hecho que evitan ver hacia la cara de las personas, por
lo agresiva que es la mirada para ellos, se centran en reconocer a la gente por
características alrededor de ellas, por ejemplo, el cuerpo, la barba, el pelo,
el cuello, la voz, etc. Algunos
autistas podrán aprender a ver (mejor dicho, soportar) la mirada de los demás,
pero habrá algunos que nunca lo podrán tolerar.
Entre las muchas cosas que tuve la oportunidad de
aprender a Guy Lelarge y a través de él, conocer mejor a mi hijo, fue la
ceguera mental (no tengo la seguridad que el término sea el correcto,
pero así le llamaba Guy), la cual consiste en la incapacidad para reconocer los
estados de ánimo de otras personas.
Para los autistas, les es muy difícil darse cuenta si la persona frente
a él está triste o está contenta.
Es la ceguera mental la que afecta al autista en su
inhabilidad social. Mas de una vez
habrán oído que nuestros niños son las personas mas “egoístas” del universo,
que solo piensan en ellos y sus propias necesidades. Eso no es del todo correcto, lo que sucede es que aunque nos
molestemos o por el contrario, estemos muy contentos, es algo que ellos no
logran darse cuenta tan fácilmente.
No dar nada por obvio y decirle a un autista nuestro
estado de ánimo, ya sea de enojo o aprobación, ayudará bastante en las
relaciones que tengamos con él. Los
estados de ánimo es un rol social que tendrán que aprender los niños durante
toda su vida.
Aunado a todo lo anterior, los autistas tienen todos
sus sentidos mucho muy sensibles (imagina que todo te llega al 500%), además de
la frustración que les origina el no poder darse a entender y comunicar sus
necesidades a los demás. Esto origina
dos posibles reacciones: la rabieta (ahora sí se comprende mejor, ¿verdad?) o
la auto estimulación.
Cualquier movimiento repetitivo (como
mecerse, aletear manos) o quedarse inmóvil viendo a un punto fijo, hace que la
mente se bloquee a todos los estímulos externos, lo cual causa un grado de
placer y relajación en ellos. Un buen
ejercicio para comprender este concepto es que se inclinen hacia atrás en la
silla y se queden fijamente viendo un foco sin pensar en nada, luego, pónganse
a mecerse lentamente en forma metódica y repetitiva. Si han hecho estos ejercicios, verán cómo la mente se relaja y
hasta se sentirán descansados.
La auto estimulación, aunque
inicialmente los calma, es como la hiperventilación (inhalar y exhalar con la
boca bruscamente) la cual al rato de haber iniciado, marea, irrita o crea
ansiedad. A excepción de que vea que
una forma de auto estimulación que el niño haga no causa este efecto, es
recomendable evitarlas.
| Libros Imprescindibles: | ||||||||||||
| ||||||||||||
| Artículos Relacionados: | |||
| Manual para Padres de niños Autistas | |||