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Fobia escolar

por Ana Yuray Díaz Domínguez

1. INTRODUCCIÓN

En primer lugar, comenzamos diciendo que este tema representa uno de los más interesantes en cuanto a lo que se refiere a los temores –fobias- infantiles.

Si tenemos en cuenta los miedos y temores que el niño manifiesta a lo largo de su infancia y su evolución, sabremos que la fobia escolar, por sus futuras repercusiones en el ámbito académico, así como en el propio bienestar del niño necesita una atención lo más temprana posible para evitar posibles repercusiones.

La separación de los padres para ir por primera vez al colegio es un momento determinante en la vida del niño, puesto que pasa de la protección y total dedicación de sus padres a compartir a una persona, la maestra, con la que tiene que quedarse y que no ha visto nunca antes. Además de lo que implica la separación de la figura de apego, para quedarse en el colegio.

Por tanto, consideramos que la fobia escolar necesita una atención especial por parte del psicopedagogo, así como de las maestras de infantil para conseguir que el niño haga la transición de casa al colegio de la mejor forma posible.

El tratamiento y orientaciones a los padres recibe a lo largo del trabajo una atención especial puesto que tanto los orientadores como los padres juegan un papel muy importante a la hora de lograr el ajuste perfecto del niño al colegio.

2. ALGUNOS ASPECTOS TEÓRICOS

2.1. Miedos y fobias infantiles

Conocer los miedos normales es importante para la comprensión de los miedos que requieren atención especializada. Una serie de estudios sobre poblaciones generales indican que los niños manifiestan una cantidad de miedos sorprendentemente elevada y que son más frecuentes en las niñas.

Es muy frecuente que tanto el número de miedos como la intensidad de los miedos que experimenta el niño disminuya con la edad. Asimismo, hay determinados miedos que parecen ser más frecuentes en determinadas edades.

Debemos constatar que si bien estos miedos son normales y forman parte del desarrollo del niño existen además, los miedos denominados evolutivos normales, los cuales se verán reflejados en el siguiente cuadro:

EDADES

MIEDOS

0-1

Llanto ante estímulos desconocidos

2-4

Temor a los animales

4-6

Temor a la oscuridad, a las catástrofes y a los seres imaginarios

6-9

Temor al daño físico o al ridículo

9-12

Miedo a los incendios, accidentes, enfermedades o a conflictos con los mayores

12-18 años

Temores relacionados con la autoestima personal

La ansiedad es una emoción que surge cuando una persona se siente en peligro, sea real o imaginaria la amenaza. Es una respuesta normal y adaptativa que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia.

Por tanto, los tres tipos de temores más frecuentes en los niños son:

{ miedo a los animales

{ miedo a los daños físicos

{ miedo a la separación de su madre

Cuando los miedos infantiles dejan de ser transitorios hablamos de fobias. Las fobias son una forma especial de miedo cuyas características son:

| El miedo es desproporcionado con respecto a la situación que lo desencadena.

| El niño no deja de sentir miedo a pesar de las explicaciones.

| El miedo no es específico de una edad determinada.

| El miedo es de larga duración.

3. DEFINICIÓN

Tradicionalmente, el término “fobia escolar” se utilizaba para describir a aquellos niños que manifestaban ansiedad por tener que ir al colegio. Solían mencionarse ansiedad grave y síntomas somáticos tales como mareo, dolor de estómago y náuseas que hacían que el niño se quedara en casa.

Los padres, preocupados por la salud y la ansiedad del niño, a menudo eran reacios a forzar la asistencia del niño al colegio. Sin embargo, no estaba claro que en todos los casos el niño realmente temiera la situación de ir al colegio.

Así pues, algunos investigadores se cuestionaron si era adecuado el empleo del término fobia escolar para describir este trastorno. En efecto, en muchos casos la fobia escolar parecía estar relacionada con el miedo a separarse de la madre y del hogar.

Este tema, que la evitación escolar puede ser simplemente una manifestación de un miedo mucho mayor por separación, se ha aceptado desde hace mucho tiempo. De este modo, algunos estudiosos han sugerido un término más amplio, “rechazo al colegio” (p.ej. Hersov, 1960), el cual ha recibido una gran aceptación.

A pesar de todo, podría entenderse que este término implica la decisión consciente por parte del niño de negarse a ir al colegio, lo cual no parece ser aplicable en todos los casos.

Encontramos, pues que sigue habiendo un gran desacuerdo conceptual y una gran confusión terminológica en la literatura especializada.

4. CLASIFICACIÓN

Debemos diferenciar la fobia escolar que se trata de ansiedad relacionada con alguna situación escolar como un profesor, una asignatura, burla o violencia de compañeros de clase etc., además de intensa ansiedad anticipatoria el día o días anteriores con síntomas físicos y empeoramiento después de vacaciones o enfermedad., durante la que el niño se encuentra en su casa con el permiso expreso de sus padres, de lo siguiente:

z Hacer novillos: Asociado a adolescentes con trastorno de conducta, con familias desestructuradas y que no supervisan a los hijos. Los adolescentes están con amigos que tampoco van al colegio y los padres no saben donde están.

z Ansiedad de separación: Más frecuente en niños que adolescentes. Intensa ansiedad al separarse de sus padres o casa. Miedo por la salud de padres o de ellos mismos. Tampoco van a parque, cine, etc. sin los padres. Muchas veces está asociado a depresión. Se van aislando de amigos, apáticos y tristes en todas las situaciones.

5. PREVALENCIA

Normalmente, estimamos que el rechazo escolar se produce entre el 0,4 y 1,5 % de la población general, No obstante, es interesante ver como algunos estudios señalan que hasta un 69 % de los sujetos a los que se ha indicado atención clínica por algún tipo de fobia infantil.

La prevalencia del transtorno de ansiedad por separación es incierta, si bien el DSM IV lo describe de los trastornos de ansiedad más frecuentes en el niño, con una prevalencia estimada de alrededor del 4%.

Por último, el rechazo al colegio puede darse en niños de todas las edades como ya hemos dicho.

6. ETIOLOGÍA

Con frecuencia la primera prueba de independencia para un niño viene cuando debe asistir a la escuela diariamente, por ello hay que prestar atención a estos momentos y es justo donde pueden surgir las primeras dificultades.

Aunque hay niños que le temen a algunas actividades escolares (tomar el autobús escolar, leer en voz alta en clase, cambiarse para la clase de educación física), a algunos les produce ansiedad los problemas en el hogar o el separarse de la persona que los cuida, etc.

Por tanto, los niños pueden estar ansiosos por muchas razones. La "Ansiedad de Separación", por ejemplo, ocurre típicamente cerca de los 18 a 24 meses de edad. Los niños lloran, se agarran de las personas y tienen rabietas cuando se separan de las personas que los cuidan (personas en guarderías o niñeras, por ejemplo). Esto es normal a esta edad, pero algunos niños continúan teniendo dificultad al separarse de sus padres u otras personas que los cuidan.

A veces, niños de edad escolar que previamente podían separarse de sus cuidadores, se sentirán de momento ansiosos y temerosos.

Un niño con fobia escolar generalmente tiene temor de salir de la casa en general, en vez de temer a una cosa en particular de la escuela. Por ejemplo, puede extrañar la casa cuando se queda en casa de un amigo.

Por lo general, los padres son muy meticulosos y proporcionan amor en abundancia a sus hijos. Algunas veces, esos padres son exageradamente protectores y cariñosos, y el niño encuentra difícil separarse de ellos (ansiedad de separación). El niño no tiene la confianza en sí mismo que resulta de manejar las tensiones normales de la vida sin asistencia de los padres.

Además, una crisis reciente en la comunidad o la familia (como una muerte, divorcio, problemas financieros, mudanza, etc.) puede causarle al niño ansiedad o miedo. Algunos niños temen que algo terrible pasará en la casa mientras ellos están en la escuela.

Los niños que están luchando con problemas académicos o sociales pueden desarrollar también rechazo a la escuela. Muchos niños tienen preocupaciones sociales y pueden haber sido molestados o intimidados en la escuela o de camino hacia ésta. Algunas escuelas o vecindarios pueden ser inseguros y caóticos.

Los niños que han perdido muchos días de escuela debido a enfermedades u operaciones, pueden experimentar dificultad regresando al salón de clases.

Algunos niños prefieren quedarse en la casa porque pueden ver la televisión, tener la atención de los padres, jugar, en vez de trabajar en la escuela. Puede que los niños y jóvenes que están pasando por una transición (de escuela elemental a intermedia, o intermedia a superior) se sientan muy tensos.

Todos estos factores pueden llevar al desarrollo del rechazo a la escuela. Además, muchos niños rechazan o evitan la escuela por una combinación de razones, complicando más el tratamiento.

Excepto por la mala asistencia, estos niños generalmente son buenos estudiantes y con buena conducta en la escuela. Pero, si no se le da tratamiento, el rechazo a la escuela podría llegar a convertirse en algo más complicado que un problema familiar.

Los resultados pueden ser deterioro académico, malas relaciones con niños de su misma edad, conflictos legales, evitación del trabajo o de continuación de sus estudios, ataques de pánico, agorafobia y trastornos psicológicos.

7. Orientaciones a los padres

Si se hace cumplir la regla de la asistencia diaria a la escuela, el problema de la fobia escolar mejorará en forma notable en una o dos semanas.

En cambio, si no le exige a su hijo que asista diariamente a la escuela, los síntomas físicos y el deseo de quedarse en casa se volverán más frecuentes. Cuanto más tiempo pase su hijo en casa, tanto más difícil le resultará volver a la escuela. Podrían estar en juego la vida social y la educación futura del niño.

En cuanto a las tareas de prevención, los niños de edad preescolar se pueden beneficiar de experiencias estructuradas con otros adultos. Los padres pueden ayudar a los niños a separarse de las personas que los cuidan de varias maneras. Por ejemplo, pueden dejarlos con una niñera o en una guardería que sea segura.

Muchas comunidades tienen oportunidades para niños de edad preescolar tales como la hora de cuentos en la biblioteca, adiestramiento religioso como escuela bíblica, actividades recreativas, escuelas, etc.

Cuando el niño se alborota al separarse de los padres, la mejor estrategia es informarle, calmadamente, que el padre/ madre regresará y que el niño tiene que quedarse, entonces debe irse rápido. Usualmente los niños tienen más dificultad si los padres toman mucho tiempo al despedirse, se enojan, esperan a que el niño se calme o intentan razonar con el niño. Una separación firme y con cariño es mejor tanto para los padres como para el niño.

Las personas que trabajan en guarderías típicamente informarán que la angustia del niño desaparece rápidamente. Sin embargo, los niños cuyos padres prolongan la separación o que han tenido experiencia poco exitosa de una separación, necesitarán más tiempo o apoyo para calmarse. Esto puede ser porque han aprendido que su angustia hace que sus padres los rescaten de la separación. Las experiencias positivas de separación en la edad preescolar facilitan la transición a primaria.

7.1.¿Qué Pueden Hacer los Padres?

1. Insistir en el retorno inmediato a la escuela.

La mejor terapia de la fobia escolar es ir diariamente a la escuela. Los temores se superan enfrentándolos cuanto antes. La asistencia diaria a la escuela hará que casi todos los síntomas físicos del niño mejoren.

Los síntomas se volverán menos intensos y se presentarán con menor frecuencia y, con el tiempo, el niño volverá a disfrutar de la escuela.

Sin embargo, al principio el niño pondrá a prueba la determinación de la madre de enviarlo a la escuela todos los días. Los padres deberán hacer que la asistencia a la escuela sea una regla rigurosa, sin excepciones.

2. Los padres deben ser particularmente firmes las mañanas de los días de escuela.

Al principio, las mañanas pueden ser difíciles. Nunca se le debe preguntar al niño cómo se siente porque esto lo estimulará a quejarse.

Si el niño está suficientemente bien para estar levantado y andar de un lado a otro dentro de la casa, está suficientemente bien para poder ir a la escuela. Si se queja de síntomas físicos, pero son los ya ha mostrado en otras ocasiones, deberá ser enviado a la escuela inmediatamente con mínima discusión.

En el caso de que los padres no estén seguros acerca de la salud de su hijo, deben enviarlo a la escuela de todos modos; porque si los síntomas empeoran después, la enfermera de la escuela podrá hacer una reevaluación del estado de salud del niño.

Aunque se le haga tarde, el niño debe ir a la escuela. Se deben hacer los arreglos de antemano para el transporte del niño en caso de que pierda el autobús escolar. Si el niño se va caminando a casa por cuenta propia durante la hora del almuerzo o el recreo, debe hacerse regresar a clase de inmediato.

Algunas veces un niño puede llorar y gritar, negándose absolutamente a ir a la escuela. En ese caso, después de hablar con él sobre sus temores, se le debe llevar. Uno de los padres podría ser mejor que el otro en hacer cumplir esto. Incluso en algunas ocasiones, un pariente puede encargarse del asunto durante unos días.

3. Coger una cita para que el niño vaya a ver a su médico la misma mañana si se queda en casa.

Si el niño tiene un síntoma físico nuevo o parece estar muy enfermo, es probable que los padres quieran que se quede en casa. Si tienen dudas, probablemente su médico puede determinar la causa de la enfermedad del niño. Si el síntoma es causado por una enfermedad, puede iniciarse el tratamiento apropiado. Si el síntoma es causado por ansiedad, el niño deberá volver a la escuela antes del mediodía.

La colaboración entre los padres y el médico logrará así resolver incluso los problemas más difíciles de fobia escolar.

Probablemente, los padres deberían hacer que el niño permanezca en casa cuando tenga algunos de los siguientes síntomas:

o fiebre de más de 37.8°C (100°F) tomada oralmente

o vómitos (más de una vez)

o diarrea frecuente

o tos frecuente

o erupción cutánea generalizada

o dolor de oído

o dolor de muelas.

En cambio, los niños con dolor de garganta, tos moderada, secreción nasal u otros síntomas de resfriado, pero sin fiebre, pueden ser enviados a la escuela. Los niños no deben permanecer en casa por "parecer enfermos", "tener mal color", "tener ojeras" o "estar fatigados".

4. Solicitar la asistencia del personal de la escuela.

En general, las escuelas son muy comprensivas acerca de la fobia escolar, una vez que se les notifica el diagnóstico, porque este problema es muy común.

Deben informar al maestro de la escuela que, si los síntomas del niño aumentan, deje que se acueste de 5 a 15 minutos en el despacho del director u otro lugar, en lugar de enviarlo a casa. A menudo resulta útil hablar acerca de la situación con el director o jefe de estudios del colegio de su hijo.

Si el niño tiene algunos temores especiales, como recitar en clase, el maestro generalmente hará concesiones especiales.

5. Hablar con el niño sobre su temor a la escuela.

En algún momento, que no sea una mañana de escuela, hablar con el niño sobre sus problemas, alentarlo a decir exactamente lo que le molesta, preguntarle qué es lo peor que podría pasarle en la escuela o en el camino a la escuela. Si hay una situación que pueda cambiar, decirle que harán todo lo posible por cambiarla. Si les preocupa que los síntomas puedan empeorar en la escuela, asegúrenle que puede acostarse unos minutos en el colegio según lo necesite.

Después de escucharlo atentamente, deben decirle que entienden sus sentimientos, pero que sigue siendo necesario que asista a la escuela mientras mejora.

6. Ayudar al niño a pasar más tiempo con otros niños de su edad.

Fuera de la escuela, los niños con fobia escolar tienden a preferir estar con sus padres, jugar dentro de casa, estar solos en su cuarto, ver mucha televisión, etc.

Muchos no pueden pasar una noche en casa de un amigo sin desarrollar un sentimiento abrumador de nostalgia. Necesitan estímulo para jugar más con sus compañeros.

Esto puede ser difícil para los padres que disfrutan de la compañía del niño, pero a la larga es el mejor curso de acción. Es necesario que alienten a su hijo para que se asocie a clubes y equipos deportivos (por lo general, prefieren los deportes que no son de contacto físico). Además es conveniente que envíen más frecuentemente a su hijo fuera de casa o a las casas de otros niños.

Pueden invitar a los amigos de su hijo a salir con su familia o a pasar la noche en su casa. La experiencia en un campamento de verano podría resultarle sumamente beneficiosa.

En cualquier caso, pueden llamar a su Médico durante el Horario Normal Si:

àLa fobia escolar no ha sido resuelta con este enfoque en dos semanas.

àLa fobia escolar vuelve a presentarse.

àPiensan que la causa de los síntomas puede ser más física que emocional.

àSu hijo sigue teniendo otros temores o problemas de separación.

àSu hijo se comporta retraído en general o parece estar deprimido.

8. Tratamiento

Si las quejas por enfermedad son una excusa para no asistir a la escuela, los padres deben procurar que un especialista de la salud examine al niño. Por tanto, sino hay razón médica para estar ausente, el niño debe estar en la escuela.

Los padres debe intentar descubrir si hay algún problema específico causando este rechazo. A veces el niño se siente aliviado al expresar sus preocupaciones sobre amigos o expectativas en la escuela. Si el niño puede señalar un problema en específico (como pruebas, alguien que lo molesta, etc.), entonces el padre/ madre debe hablar inmediatamente con la maestra del niño sobre el desarrollo de un plan que sea apropiado para resolver el problema.

Algunas estrategias tratan de incluir a un miembro de la familia para que lleve el niño a la escuela, o si el niño permanece en la casa, entonces se le debe eliminar las recompensas como meriendas, televisión, juguetes o atención de los padres.

El horario de la escuela debe imponerse en la casa, evitando así que el niño se vea reforzado en sus conductas.

Sin embargo, la familia no debe dudar en buscar ayuda del psicólogo escolar, psicopedagogo o profesionales de la salud mental, si el niño se encuentra extremadamente indispuesto, si hay que obligarlo a asistir a la escuela, si hay un problema significativo en la familia, o si el rehusar ir a la escuela se ha convertido en un hábito.

Los padres y la escuela necesitan trabajar juntos para identificar qué está causando o manteniendo esta conducta y desarrollar un plan comprensivo de intervención.

La clave del éxito es la pronta intervención; mientras más tiempo permanezca esta conducta, más difícil será de erradicar.

El tratamiento depende de las causas, las cuales pueden ser difíciles de determinar. Muchos niños pueden haber comenzado a evitar la escuela por una razón (ej., miedo a ser peleado por una maestra, sentirse socialmente inadecuado), pero ahora están en la casa por otra razón (ej., acceso a los videojuegos, falta de presión académica, etc.).

Tal vez se deben intentar varios planes de tratamiento. Ayudar a que el niño se relaje, desarrollar mejores destrezas para enfrentar las situaciones, mejorar las destrezas sociales, utilizar un contrato y ayudar a los padres con problemas.

Al trabajar con niños que rechazan el colegio, la mayoría de los clínicos de todas las orientaciones destacan la importancia de hacer que el niño vuelva al colegio( King, Ollendick y Gullone,1990).

Sin embargo, puede haber desacuerdo entre los clínicos en cuanto a si el tratamiento debería preceder a los intentos para que el niño vuelva al colegio, si el tratamiento y la vuelta al colegio deberían producirse al mismo tiempo, o si la vuelta al colegio debería ser gradual. (Blagg y Yule, 1994). Cualquiera que sea la posibilidad que se elija, las estrategias eficaces adoptan un enfoque activo del problema, encontrar un modo de que el niño vuelva al colegio, aun cuando esto sea difícil o requiera la amenaza de intervención legal.

La mayoría de los profesionales sugiere que el pronóstico es bastante bueno cuando el inicio del rechazo al colegio es repentino y el niño es pequeño.

En efecto, un método que se cita muy a menudo utilizado por Kennedy (1995) señala que el tratamiento puede ser rápido y eficaz. En una reunión inicial se instruye a los progenitores para que lleven al niño al colegio el lunes, y al personal escolar para que lo retenga todo el día. No se acepta ninguna excusa que pueda alterar ese plan, y las dolencias físicas se tratan después del horario escolar yendo a un pediatra. La asistencia al colegio se elogia, aun cuando sea involuntaria.

A continuación, el terapeuta ve al niño brevemente después del horario escolar. Se le cuentan al niño relatos que ilustran la naturaleza transitoria de los temores y la necesidad de continuar así. El miércoles se da una fiesta para celebrar que el niño ha superado la dificultad.

Kennedy tuvo éxito en el 100 por cien de los cincuenta casos que trató de esta forma.

Otras técnicas terapéuticas utilizadas son las mismas que las que se emplean en el tratamiento con adultos. Más que en aspectos conceptuales, las diferencias radican en la adaptación del procedimiento a la edad y a las características del niño.

Las técnicas [1]más frecuentes son las siguientes:

· Técnicas de exposición

· Relajación

· Técnicas de modelado

· Práctica reforzada

· Escenificaciones emotivas

· Técnicas cognitivas como la terapia racional emotiva

· Tratamientos psicofarmacológicos

La exposición a los estímulos fóbicos puede hacerse en imaginación o en vivo y constituye el tratamiento psicológico más eficaz para hacer frente a las conductas de evitación que aparecen en las fobias específicas. En niños menores de 11 años se recomienda no utilizar la imaginación.

La relajación es un medio de aprender a reducir la ansiedad inespecífica y obtener control de la mente. Es una técnica terapéutica en la ansiedad excesiva y ansiedad de separación. El método más utilizado es la “Relajación progresiva de Jacobson” consistente en tensar y relajar los principales grupos musculares del cuerpo al tiempo que el sujeto se concentra en las sensaciones relacionadas con la tensión y relajación. A pesar de no ser adecuado por debajo de los 8 años, se ha establecido un programa de adaptación para niños menores de estas edades.

Las técnicas de modelado están fundamentadas en el papel tan importante que desempeña en el aprendizaje, facilitación y modificación de conductas, la observación en un modelo de comportamientos adecuados por parte de un observador.

La práctica reforzada está enfocada en la adquisición de conductas nuevas adaptativas más que en la eliminación de las respuestas de ansiedad. La terapia tiende a hacer perder al estímulo su valor ansiógeno enseñando a la persona una nueva conducta que le permita hacer frente a la situación lo más eficazmente posible. Está indicada en el tratamiento de la fobia escolar y el trastorno de evitación.

Las escenificaciones emotivas son la combinación de la exposición en vivo, el modelado participante y la práctica reforzada. Con esta aplicación conjunta se trata de potenciar los resultados terapéuticos que se pueden obtener con cada uno de ellos por separado.

Las preocupaciones de un niño pueden derivar del modo, no siempre correcto, en que percibe la realidad y de los recursos que cree disponibles para afrontarla.

Los pensamientos generados pueden guiar la conducta e incluso las emociones del niño. Si están distorsionados, pueden dar lugar a pensamientos negativos muy a menudo presentes en los niños con trastornos de ansiedad.

De ahí, la utilización de las técnicas cognitivas para su tratamiento puesto que con ellas podemos conseguir modificar dichos pensamientos y sustituirlos por otros más adecuados o adaptativos. Su utilidad, sin embargo, está limitada a los niños mayores.

Los psicofármacos son una ayuda complementaria al tratamiento psicológico y no deben utilizarse en niños menores de 6 años.

Con respecto a este apartado, hay que decir que la literatura especializada sobre el tratamiento del rechazo al colegio consiste primordialmente en estudio de casos, y la idoneidad o generalización de estudios con diseños experimentales es cuestionable.

Los primeros enfoques sobre tratamiento se centraban casi en su totalidad en el niño. Las intervenciones más recientes engloban a toda la familia y, quizá, aspectos de la propia situación escolar. Además, no se espera que una única estrategia de tratamiento vaya a funcionar en todos los casos.

Los clínicos reconocen que hay variaciones entre los niños que rechazan el colegio, y así, la mayoría de los tratamientos incluyen múltiples componentes que están formulados para adaptarse a aspectos particulares del caso que se trate y para abordar complejas interrelaciones de factores individuales, familiares y escolares.

9. CONCLUSIÓN

En definitiva se trata de un problema que afecta a los niños, sobre todo, de infantil y primaria, por tanto son los maestros de infantil y los psicopedagogos los que deben trabajar para lograr el mejor comienzo del niño en el centro.

Sin embargo, debemos destacar la magnífica labor que están realizando los maestros de infantil, pues de todos es sabido que están logrando que los niños inicien el colegio de la mejor manera posible, haciendo el mismo de una forma lúdica y afectiva para que el niño no sienta que se le separa de su figura de apego.

En cuanto, a los padres y familiares, éstos representan el principal apoyo del maestro y orientador a la hora de que el niño se sienta a gusto en el colegio. La colaboración, en este caso, de la familia con el centro se hace imprescindible.

Por otra parte, me ha parecido que la bibliografía sobre el tema es bastante escasa sobre todo, en lo que se refiere a intervención y tratamiento con lo que supone ello, para le realización del trabajo.

En definitiva, es un tema máximo interés para los psicopedagogos, que deben aportar la ayuda y colaboración necesaria tanto al maestro como a los padres, para ayudar a superar la fobia escolar que un determinado alumno pueda tener.

1. Bibliografía

BOWLBY, J. (1985): La separación afectiva. Ed. Paidos, Barcelona.

DSM-IV: Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, coordinador de la edición española Manuel Valdés Miyar. (1995). Ed. Masson, Barcelona.

ECHEBURÚA ODRIOZOLA, E. (1993): Evaluación y tratamiento de la fobia social. Biblioteca de psicología, psiquiatría y salud. Práctica. Ed. Martínez Roca.

Rebollo Conejo, Isidro (1995): Fobia, Histeria de Angustia: De la psicopatología al psicoanálisis. Microforma, Barcelona.

Zlotowicz, Michel (1978): Los Temores Infantiles. Editorial Planeta, Barcelona.

11.ANEXO

Tratamiento de una fobia escolar

En una sociedad en la que rige la escolaridad obligatoria, la negación, por parte de un niño de acudir a la escuela, puede ser considerada como un “síntoma”, con lo cual, además, se comprende hasta que punto se emplea este término como relativo a contingencias sociales. Se habla entonces de “fobia escolar”. Pero tal “síntoma” se convierte en una molestia general para la familia y constituye una fuente de conflicto entre el niño y quienes le rodean.

Podría decirse, según un punto de vista próximo al del psicoanálisis, que la fobia oculta y señala otros trastornos, los cuales quizá pudieran destacarse para someterlos y reducirlos después. Sin embargo, puede tratarse en forma directa y radical, tal como demuestran los resultados obtenidos por los terapeutas del comportamiento, los cuales aplican con métodos unos procedimientos utilizados por muchos padres y educadores.

Si se considera un síntoma como una simple costumbre, se puede explicar la formación y, sobre todo, obtener la desaparición mediante la aplicación, a veces sutil, de algunos principios muy simples, Estos principios han sido inventados a propósito de experiencias de condicionamiento y de aprendizajes realizadas en laboratorio, en su mayor parte con animales.

Todo condicionamiento, todo aprendizaje que resulta de la repetición, requiere lo que se llama un refuerzo: se adopta un comportamiento, bien sea porque va asociado a un estímulo que señala una recompensa o un castigo, sea porque permite, en sí mismo, obtener la recompensa o evitar el castigo.

En el primero de los casos, se habla de condicionamiento “de respuestas” ( que es el condicionamiento clásico de Paulov), en el segundo, se trata de condicionamiento “operante” (cuya técnica y principios fueron desarrollados, sobre todo, por Skinner y su escuela).

De una forma más estricta, pero más generalizada, se puede decir que muchas acciones se realizan con vistas a sus consecuencias y, por lo tanto, al modificar dichas consecuencias pueden igualmente modificarse los comportamientos que dichas consecuencias refuerzan.

Tal como dicen los autores que aportan un ejemplo instructivo de tratamiento de una fobia escolar: <la estrategia de “la terapia comportamental” consiste, esencialmente en introducir contingentes de refuerzo que favorezcan la aparición de conjuntos de respuesta no desviatorias>.

Naturalmente, caracterizar lo que es <no desviatorio> o <adecuado> plantea un tremendo problema, cuya solución no es evidente en todos los casos.

Pablo es un muchacho de 9 años; a pesar de las amenazas o de las promesas de sus padres, se niega desde hace tres semanas a volver al colegio. Es el cuarto de una familia de ocho hermanos, pertenecientes a la clase media americana, y el padre es ingeniero electrónico.

Ese muchacho, a partir del comienzo de su escolaridad se ha negado, en repetidas ocasiones, a volver a la escuela. Consiguió, por ejemplo, escapar de la escuela maternal escalando un elevado muro. Durante su segundo año en la escuela primaria, se vio aterrorizado por un maestro que le infligía castigos físicos. Además, Pablo hablaba de él a sus padres con horror.

El principal método empleado en el tratamiento de esa fobia y que los autores denominaban <desensibilización sobre el terreno>, consiste en rehabituar progresivamente al niño a la situación de la que quiere huir, procediendo por etapas y asociando a cada una de ellas algún logro, para neutralizar la angustia que pudiera suscitar.

Aquí conviene acompañar a los autores y al niño en las primeras 18 etapas. EL colegio estaba situado a diez minutos del domicilio de Pablo.

1) Para comenzar, un domingo por la tarde, los terapeutas hicieron este trayecto en compañía del muchacho, esforzándose en establecer un clima de buen humor y sosiego.

2) A continuación, los dos días siguientes, Pablo hace el trayecto hasta el patio del colegio en compañía de uno u otro de los terapeutas.

3) El miércoles, día libre, el acompañante convence al niño de que entre en la clase y se siente en su sitio. Una parte del curso habitual se ha llevado a efecto de un modo lúdico.

4) Los tres días siguientes, el muchacho es acompañado hasta la clase unto con otros niños; conversación con el maestro y regreso a casa.

5) El lunes siguiente, Pablo pasa toda la mañana en clase, sentado junto al terapeuta, el cual le anima en diversas ocasiones.

6) Dos días después, Pablo accede a entrar solo en clase mientras su acompañante le aguarda en el exterior.

Posteriormente, el terapeuta emplea diversos procedimientos para animar al niño; en primer lugar, a que haga él solo el trayecto hasta la escuela; luego, a que se quede todo el día en ella. Él no duda en intervenir, se dirige al maestro, prescribe la administración de un tranquilizante ligero para reducir la ansiedad que experimenta el niño antes de partir hacia el colegio.

Cuando el niño, por fin, consiente en quedarse todo día en el colegio sin compañía, se le recompensa con pequeños obsequios. Por otra parte, se le permite llamar por teléfono a su terapeuta si desea desde el colegio.

Por fin, la retirada final de los terapeutas se hace posible gracias a que el niño encuentra elementos favorables suficientes en su medio escolar y familiar para proseguir por si mismo acudiendo a clase.

La experiencia tiene una duración total de cuatro meses y medio. Diez meses más tarde, los autores pueden verificar que la escolaridad de Pablo prosigue sin dificultades.

EL tratamiento ha sido llevado a la práctica por dos terapeutas. Debido a la preferencia manifestada por Pablo hacia uno de ellos, fue éste quien le acompañó durante las ocho primeras etapas; luego los acompañantes se alternaron, en función de sus propias obligaciones profesionales.

Como se ve, el método empleado es suave; en una primera etapa se trata de desensibilizar al niño de los diversos aspectos de la escuela que le resultan desagradables, luego se procura poner a punto un sistema de recompensas para animarle a perseverar.

En un tratamiento de este tipo. Los progresos no son continuos. A veces, hay que tomar difíciles decisiones. Por eso, en repetidas ocasiones, el niño abandona la clase para ir al encuentro de su terapeuta que lo espera en la biblioteca del colegio, y se lamenta por haber tenido miedo. Tranquilizarle, prestarle atención, era tanto como correr el riesgo de animarle a dejar la clase. Ignorar su temor equivalía a agravarlo. Lo que logra tranquilizarle e incitarle a volver a clase es una mezcla delicada de estímulo y sosiego.

Existen distintas formas de terapias comportamentales y se siguen desarrollando otras nuevas. El ejemplo seleccionado muestra varias de sus características: manipulación más o menos acertada de las recompensas; desensibilización, que puede hacerse sobre el terreno, como en este caso, o mediante la práctica de una evocación mental.

Finalmente, y quizá ése sea el aspecto más prometedor, si bien el más delicado, la intervención en el medio escolar o familiar, de una u otra forma, si se comprende que ahí pueda radicar el origen de las dificultades descubiertas en el niño.

Todos hacemos, sin duda alguna, <terapia de comportamiento> sin tener noción de que, efectivamente, así lo hacemos. Pero parece ser que se logran mejores resultados al menos en algunos casos si se sabe bien lo que se está haciendo.

Tales son algunos de los medios y de las posibilidades del tratamiento de ciertos temores en el niño. Por opuestos que sean los principios, que al menos no sirvan para oscurecer las realidades empíricas, a veces complejas y con capacidad para llevar a efecto una fuerte presión, que se presenta a padres y educadores.



[1] Ver el tratamiento que aparece en el anexo llevado a cabo con técnicas conductuales.






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Autor: Ana Yuray Díaz Domínguez
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