El estrés infantil
La infancia es un período que se caracteriza por
cambios y los niños deben hacer frente a los retos que suponen la superación de
las transiciones de una etapa a otra. Son, precisamente, estos retos los que
pueden convertirse en acontecimientos estresantes y poner en peligro el proceso
normal evolutivo de un niño, desde el nacimiento hasta los 13 años,
aproximadamente. Junto a estos sucesos normales por los que pasan los niños,
existen otros sucesos vitales que acontecen para numerosos niños (aunque no
para todos), y otros que son realmente excepcionales.
Tanto los padres, profesionales de la salud y
profesores, así como las personas que están presentes en las relaciones del
niño, deben acercarse a la compresión del estrés en los niños, para tener un
mejor panorama de la salud mental del niño en la familia, relaciones sociales y el funcionamiento escolar.
Para acercarnos al estrés en los niños, debemos
estar alertas a cuatro aspectos muy importantes que nos
orientarán tanto en la observación de los niños como en las formas de tratar de ayudarlos.
Los estresores que afectan al niño (¿qué eventos o
estímulos están estresando al niño?)
La percepción del niño sobre los estresores (¿el
niño cree que no podrá hacer frente a los estresores?, ¿qué piensa sobre la
posibilidad de controlar lo que le sucede?).
El impacto del estrés sobre las áreas de
funcionamiento del niño: desempeño escolar, relaciones sociales y familiares,
salud física.
El comportamiento que adopta el niño para ajustarse al estrés.
(¿El niño estresado reacciona con comportamientos aleatorios?, ¿Qué tipo de
patrón de conducta al estrés está adoptando el niño?)
Estos elementos deben ser considerados puntos clave para
la investigación, la intervención terapéutica y la prevención. La observación
del niño, sea por un especialista, profesor o padre de familia, debe estar
orientada por estos cuatro puntos de referencia.
Para definir lo que es el estrés, se pueden tomar como referencia tres enfoques:
Es estrés como estímulo: la monotonía, el aislamiento, el trabajo continuado bajo presión de tiempo, el calor, el cambio abrupto de ambiente, etc., son condiciones
estresantes cuyos efectos generalmente provocan al niño reacciones de adaptación;
estas reacciones pueden, sin embargo, no ser adaptativas. Desde este punto de
vista, se toma al estrés como estresor, es decir, como las características del ambiente que exigen conductas de adaptación. se pueden identificar tanto estresores externos (como las circunstancias
en las líneas anteriores) como estresores internos (impulsos, deseos, etc.)
El estrés como respuesta: el niño exhibe conductas
como respuesta que intentan adaptarlo al estresor. Los niños pueden mostrar,
como mencionamos en un párrafo anterior, diferentes estilos de respuesta ante
el estrés, reacciones que significan el uso de determinados mecanismos defensa
(Cramer, 1987), inclusive desde la edad preescolar. Considerando el aspecto fisiológico, Selye (1974) denominó
Síndrome de Adaptación General a las reacción fisiológica generalizada en
la experiencia de estrés.
La principal fuente de estresores
en la edad escolar se ubica en el contexto escolar. Esto lo demostró Madders (1987),
quien identificó una relación de eventos estresantes escolares y
extraescolares, después de observar una clase en el nivel primario:
Pérdida de algún padre (por fallecimiento o divorcio).
Orinarse en clase.
Perderse; ser dejado solo.
Ser molestado por niños mayores.
Ser el último en lograr algo.
Ser ridiculizado en clase.
Peleas entre los padres.
Mudarse a un nuevo colegio o salón.
Ir al dentista o al hospital.
Pasos y exámenes.
Llevar a la casa un reporte negativo del colegio.
Romper o perder cosas.
Ser diferente (en algún aspecto).
Un nuevo bebé en la familia.
Hacer algo ante un público.
Llegar tarde al colegio.
Los niños pueden mostrar ciertos patones en sus
reacciones frente a los estresores. Estas reacciones son intentos adaptativos
para ajustarse a las demandas del ambiente estresante (Chandler y Maurer, 1996)
Las implicancias de las conceptualizaciones vistas
en el presente trabajo deben alertar a los padres y profesores para actuar con sensibilidad ante las necesidades adaptativas de los
niños; adicionado a ello, tomar en cuenta también que
gran parte de los estresores y recursos adaptativos provienen de la relación
que mantenemos con los niños en el hogar y en el colegio. Ciertos patrones de
reacción al estrés pueden ser predecibles, sea que estén vinculados a etapas
del desarrollo o a conocidas clasificaciones clínicas de
la conducta infantil; los padres y profesores pueden entonces estar mejor orientados al conocer el rango de posibles reacciones de sus hijos(as)ante potenciales
estresores previamente identificados.
Signos y señales que indican que un niño puede
estar experimentando es estrés:
Dolor de cabeza
Resfriados frecuentes
Dolor de cuello
Irritabilidad creciente
Tristeza
Pánico o enojo
Estar más inquieto de lo normal
Problemas para relajarse o dormir
Letargo o somnolencia
Exceso de energía
Retroceso en las conductas madurativas
Hábitos nerviosos: comer uñas, chupar dedo, etc.
Problemas con sus compañeros
Técnicas para ayudar a niños y niñas con estrés:
Contacto físico: los abrazos ayudan a los niños a relajarse y
acrecentar su autoestima.
Escúchelos: pregúnteles cómo se sienten.
Aliéntelos: ayude a los niños a encontrar algo que hagan bien y
dígales cuán orgulloso se encuentra de ellos.
Honestidad y apertura: hable a los niños y aliéntelos a expresar sus
sentimientos alegremente.
Seguridad: trate de ser consistente.
Ejercicio físico: el ejercicio ayuda a quemar sentimientos
estresantes.
Humor: ayuda al niño a ver el lado gracioso de las cosas.
Silencio: permita a los niños un tiempo para estar en tranquilidad y
silencio.
Dieta balanceada: ayude a los niños a tener una dieta balanceada.
Enseñe a los niños a reconocer lo síntomas des estrés y los
cambios que sienten en ellos mismos, por ejemplo: los latidos del corazón,
sudoración de las palmas, respiración rápida, dolores de cabeza, resfriados,
músculos tensos, sentimientos nerviosos y de pánico.