
Un
viejo cuento decía:
Un renombrado maestro, que corría tras la fama, reunió en una carpa a cientos
de discípulos y seguidores.
Se irguió sobre sí mismo y dijo:
-Amados míos, escuchad la voz del que sabe.
En ese momento se creó una gran expectativa y un silencio profundo generó el
apropiado marco de veneración para las palabras del maestro, quien prosiguió de
la siguiente manera:
-Nunca debéis relacionaros con la pareja de otra persona, tampoco beber
alcohol o alimentaros con carne de cerdo.
Entonces uno de los asistentes se animó a preguntar:
-¿Pero maestro, no eras tú el que el otro día se vio en brazos de la esposa de
José?
-Si, era yo- respondió el maestro.
Después de lo cuál otro oyente también se atrevió a preguntar:
-¿Pero no eras tú el que la otra noche se encontraba bebiendo vino en una
taberna?
-Si, también era yo.
Y un tercer asistente, ya enojado, le preguntó:
-¿No eras tú, el que ayer a la mañana estaba comprando carne de cerdo en el
mercado?
-Efectivamente.
Y en ese momento, todos los asistentes, mostrando indignación por la actitud
del maestro, comenzaron a recriminarle:
-¿Por qué nos pides que hagamos lo que tú no puedes cumplir?
Entonces, el falso maestro respondió con sinceridad:
-Porque yo sólo enseño, no practico.
A esta altura los lectores se preguntarán qué relación hay entre las neurociencias y este antiguo cuento. Para encontrarla, es importante saber que la mente humana está construida en base a la superposición evolutiva de tres cerebros, uno sobre otro, de acuerdo al orden de su aparición en el mundo natural, a través de un complejo mecanismo evolutivo.
El primero de ellos fue el cerebro de reptil, el segundo el de mamífero inferior o emocional y el tercero, el de mamífero superior o humano, construyendo una estructura semejante a la siguiente:

Pero a este trío, en realidad, se lo puede dividir en dos grupos bien polarizados. El primero de ellos lo integran el cerebro de reptil y el cerebro de mamífero, formando el complejo Cerebro Reptil-Cerebro Mamífero (CR+CM) y el segundo, obviamente, lo forma el cerebro humano, integrado por sus dos grandes hemisferios y por sobre todo, por los lóbulos prefrontales (izquierdo y derecho).

El complejo CR+CM, es el encargado de que los poderosos instintos evolutivos pro supervivencia sean cumplidos a rajatablas y son los impulsores de las conductas que podríamos considerar animaloides, mientras que los lóbulos prefrontales del cerebro humano, tienen la misión de modular y controlar a los primeros, a fin de que las conductas se correspondan más con lo que se espera de un ser humano.

Pero la realidad es que el cerebro humano, a pesar de que ser mucho mayor que el complejo CR+CM (ocupa el 75 % del volumen de la UCM), tiene menos poder que este último, a la hora de controlar nuestras conductas. De ahí que con tanta frecuencia, actuemos como el falso maestro, en el sentido de que decimos o pensamos que vamos a hacer algo (de la mano del verdadero maestro o lóbulos prefrontales), pero finalmente hacemos todo lo contrario, impulsados por el complejo CR+CM o falso maestro.
¿Pero podemos cambiar este destino evolutivo en el que todos nos encontramos inmersos y lograr que el verdadero maestro, finalmente, se imponga al falso?
La respuesta es que sí. Pero para conseguir el fortalecimiento del nuevo maestro, en detrimento del falso, debemos darle a aquél la herramienta más efectiva para hacer realidad ese monumental deseo, que no es otra que la educación. A lo largo de la historia, la humanidad ha utilizado muchos otros métodos para lograr ese objetivo, pero la observación de lo que está sucediendo en el mundo actual, nos dice que hemos perdido la batalla interna en gran medida, pues el falso maestro parece predominar, tanto en las conductas individuales como grupales.

Pero ahora, a partir de la década del 90, denominada la década del cerebro, gracias a los impresionantes conocimientos acumulados por las diferentes ramas de las neurociencias, la humanidad está en condiciones de que el verdadero maestro conozca en profundidad todos los trucos del falso maestro (CR+CM) y esté preparada, por primera vez, para enfrentarlo con éxito en los momentos que considere sabio y provechoso hacerlo.
Pero alcanzar ese poder, sin embargo, no será cosa fácil y sencilla, ya que sólo le será otorgado a quienes hagan el esfuerzo de estudiar y aplicar lo aprendido, tanto en su vida personal como a su vida de relación.
Ésta es la única manera de alcanzar ese estatus de maestro verdadero que garantiza ser buenas personas y ser capaces de formar nuevas buenas personas, iniciando, así, la creación de un mundo que será cada vez mejor, pues mejores serán las personas que lo integren y le den forma.