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La sociología del cuerpo

por Alfonso Espinal

1.  El referente cuerpo

         Para comprender el concepto cuerpo y evitar ambigüedades en su interpretación, se hace necesario  un análisis del concepto referencial que direcciona este análisis.

El cuerpo, desde la perspectiva de Bacca (1987), se puede abordar desde dos perspectivas:

1) Como tema. Donde el cuerpo es algo definido, estable y permanente.

2) Como problema. Donde el cuerpo se considera en evolución, dinamismo y progreso.

Definitivamente el referente cuerpo, para no excluir algún tipo de  información, debe contemplarse desde una perspectiva amplia e integradora, donde  se  considera  al cuerpo  como tema y como problema. Es decir, como algo definido y ya preestablecido socialmente, y también como algo en construcción continua y  progresiva. Se diría que para problematizar el cuerpo, primero se debe establecer la temática conceptual de donde se pretende partir. Para lo cual, se propone ir de lo estático a lo dinámico, de lo conceptual  a lo procesual.

Para comprender el concepto cuerpo, debemos tener claro que todo individuo se manifiesta con y  a través del cuerpo. Y que al hablar de manifestación  no se refiere sólo a los movimientos naturales o reflejos, sino también a las emociones, pensamientos y sentimientos. Lo que hace  que nuestro cuerpo tenga lenguaje a través de todo ello, sea un cuerpo vivo a través de su corporeidad.

Según Zubiri (1986) la corporeidad es la vivencia del hacer, sentir, pensar y querer. Con esto nos daríamos cuenta que el cuerpo vive o se expresa por medio de su corporeidad. Y ya en términos  generales, entenderíamos que el ser humano es, existe y se expresa sólo a través de su corporeidad.

Todos nacemos con un cuerpo que se transforma y se adapta para construir su corporeidad. Las experiencias que le proporciona el medio en que se desarrolla y la forma en que las percibe, adapta y acomoda creando nuevas estructuras de referencia, es así como va construyendo su corporeidad. Al terminar este proceso de construcción, aparece la muerte. Iniciamos como cuerpo, y terminamos siendo tan sólo cuerpo.

También Bernard (1985) hace referencia al problema del referente cuerpo al decir que “...si nuestro cuerpo es el órgano de lo posible lleva también  y simultáneamente el sello de lo inevitable. Por eso, el discurso sobre el cuerpo nunca puede ser neutro. Hablar del cuerpo es aclarar más o menos uno u otro de sus dos aspectos: el aspecto a la vez prometeico y dinámico de su poder demiúrgico  y  ese ávido deseo de goce y ese otro aspecto trágico y lastimoso de su temporalidad. De manera que toda reflexión sobre el cuerpo es, quiérase o no, ética y metafísica: proclama un valor, indica una cierta conducta y determina la realidad de nuestra conducta”.

Con todo esto, podemos determinar que el cuerpo como tema se inicia desde que se le da esa categoría en el vientre materno (a los tres meses de la concepción) y termina con la inevitable muerte. Y que el cuerpo como problema es todo el proceso de interacción y construcción que da paso a la corporeidad. En otras palabras, el cuerpo es sólo el principio y el fin; la corporeidad es la vida misma, el proceso.

Del cuerpo a la corporeidad

La perspectiva  que tenían los griegos del cuerpo giraba en torno al arte, entendido éste como máxima expresión a la que pueda llegar el ser humano. Es decir, abogaban y trabajaban por conseguir un cuerpo perfecto. Su concepto de arte se apoyaba en la síntesis de lo bueno y lo bello, lo que implica una conexión con lo mental, lo moral y lo físico, pugnando por un  desarrollo interior a partir del cultivo de la apariencia externa. De ahí que se abandere el eslogan  de: “mente sana en cuerpo sano”. Presuponiendo que la salud en su amplio sentido solo puede ser albergado en un cuerpo bien cuidado, estético y bello. Tal  como atinadamente apunta Meinel y Shnabel (1987): “está comprobado que en un cuerpo sano y equilibrado es posible estimular decisivamente el desarrollo intelectual, social, estético y moral”.

Desde la perspectiva hedonista de los antiguos griegos hasta la fecha actual, se han construido tantas  concepciones del cuerpo como tipos de estructuras sociales se han sucedido. Y sin embargo, la gran mayoría aterriza en una concepción biologisista y pragmática del hombre (y por lo tanto del cuerpo); al conceptualizarlo así, se espera como un instrumento útil, eficiente y productivo, lo que deviene en la ideología de una sociedad capitalista.

La hegemonía ideológica del capitalismo define al cuerpo “...como simple objeto físico sometido a las leyes naturales, cognoscible como cualquier elemento biológico a quien se pueda controlar y sobre quien se predica y  condiciona para evitar perturbaciones sociales” Portela (2001). Se habla entonces de un cuerpo sometido, dominado y controlado por un sistema social que le dicta cómo debe ser.

Esto lo acentúa  también Brohm (1968) al decir que “en todos los dominios  de   la   vida   social,   el  cuerpo  se  convierte  cada vez más en el 

objeto y el centro de ciertas preocupaciones tecnológicas o ideológicas. Ya en la producción, ya en el consumo, ya en el ocio, en el espectáculo o en la publicidad, etc., el cuerpo se ha convertido en un objeto que se trata, se manipula, se explota. En el cuerpo convergen  múltiples intereses sociales y políticos de la actual civilización técnica”.

Abordando el cuerpo desde esta perspectiva reduccionista, se limitan los valores, capacidad y potencialidad corporal. Se orienta y estructura las conductas esperadas y deseadas con el propósito de conservar la hegemonía sobre el cuerpo, y por supuesto, de su educación. Descartando la construcción de un cuerpo crítico y pensante. Denis (1980) lo resalta así: “abordar el cuerpo enseñado  no supone pretender describir un realidad institucional, sino que se trata de determinar una realidad institucionalizada”, esto se cumple al ser sometido a un  proceso en donde se le educa para insertarse en el contexto que lo reclama. Bernard  (1985) lo clarifica aún más  al mencionar que “...toda nuestra educación es en cierta medida... el ajuste de nuestro cuerpo de conformidad con las exigencias normativas de la sociedad”.

Los individuos se manifiestan con y a través de su cuerpo. Piensan sienten, se emocionan. El cuerpo no es sólo un simple objeto (reservorio de la persona), es  un  cuerpo  que  vive,  que  se  expresa.  En  palabras  de  Trigo  y Rey (2000), el individuo “no sólo posee un cuerpo (que sólo hace) sino que su existencia humana implica hacer, saber, pensar, sentir, comunicar y querer”. Es decir, manifestar su corporeidad.

Corporeidad y personalidad

         Al hablar de los conceptos de cuerpo y de corporeidad, se debe entender a ésta última como la vivencia del hacer, sentir, pensar y querer. Donde el cuerpo es sólo el vehículo para que la corporeidad se haga presente en el mundo y para el mundo que lo rodea”. Es  decir, el cuerpo es el medio para que se manifieste y desarrolle la corporeidad.

         Para Paredes (2003)“El ser humano se expresa, se comunica, vive con, por y a través de su corporeidad... la epifanía (consecuencia) del ser humano es su cuerpo y a partir de él desarrollamos la corporeidad (aspecto físico, psíquico y anímico). La reflexión corporal del ser humano pronuncia su primera manifestación usando el cuerpo, creando corporeidad de muchas maneras: desde   que   está   en   el   vientre  de  la  madre  tiene  necesitad  de  moverse; desde recién nacido siente la necesidad de expresarse y su corporeidad es su primera vía de expresión y comunicación con el mundo”.

         Se entiende así que la corporeidad es la manifestación conciente o inconciente de la constitución física del individuo, moldeada y reclamada en un determinado contexto. Es encontrarnos y enfrentarnos a nuestra realidad con nuestros recursos físicos (de una estructura biológica capaz de moverse), mentales (razón, emoción y pensamiento) y sociales (ánimo, voluntad y motivación).

         Esta triada de cuerpo, mente y socialización que conforma a la corporeidad, es lo que define al individuo como ser humano. Es decir, a través de la corporeidad se configura la personalidad.

         La interrelación dinámica del ser, pensar y sentir con nuestro cuerpo, es lo que va construyendo esa estructura individual que determina la forma de apropiarse del mundo y del actuar en él, y que se llama personalidad. Para Mac Gregor (1992), es lo que “motiva las diferentes conductas, las formas específicas y únicas de organización de cada ser..., ya que ésta (la personalidad) es lo que hace, que siendo en lo biológico muy similares, seamos  como individuos, distintos y únicos.”

         Lo concretiza aún más  Dicaprio (1992) al decir que la personalidad es una “identidad personal del individuo” con componentes periféricos (gustos, hábitos) y componentes centrales (actitudes y conductas).

         Con todo esto podemos aterrizar que la corporeidad alude a la manifestación física, mental y social en términos genéricos. Es decir, es movimiento,    pensamiento  y  emoción   sin  ninguna  otra  connotación.  En

cambio, la personalidad es moverse, pensar  y sentir en una forma y contexto específico, en donde interesa la particularidad de tal manifestación, de quién proviene y por qué la manifiesta así.

         En otras palabras, se puede decir que la personalidad es la corporeidad particular de cada persona, y que hay tantas personalidades como personas existan. No siendo así con la corporeidad, que sólo es manifestación de la realidad, y ésta la determina el contexto en que se ubica.

         El cuerpo es desde donde se genera la corporeidad y ésta se hace manifiesta por medio de la motricidad (movimiento con intención) y a través de ella, se conforma el carácter en base al temperamento, lo que deviene en la personalidad del individuo.

2.  La sociología del cuerpo

         En palabras de  Giddens (1999), la sociología del cuerpo es el estudio de las influencias sociales que afectan a nuestra constitución física. Entendiendo que las influencias sociales son todas aquellas acciones que orientan o reorientan el actuar del individuo en un determinado entorno, lo que deviene en socializar. Y comprendiendo que la constitución física es el conjunto de caracteres  morfológicos, fisiológicos y psíquicos de un individuo, los cuales conforman su personalidad y que ésta  comprende las áreas cognitiva (o intelectual), afectiva (o psicológica) y psicomotora (o de motricidad).

         Viéndola así, la sociología del cuerpo se puede definir como el estudio de la socialización de la personalidad. Más exactamente, es la socialización de la personalidad a través de la corporeidad. Es decir, estudia cómo interactúan en la sociedad el intelecto, el afecto y la motricidad. Entendidos tales elementos o áreas como una unidad indisoluble; aunque, posiblemente, con mayor posibilidad o potencialidad de respuesta ante determinados estímulos. Dicho en otras palabras, el socializar de un determinado grupo o institución puede influenciar o afectar más al área afectiva (por ejemplo), principalmente en el desarrollo de la adolescencia, que la intelectual o de la motricidad, y sin embargo, no las excluye de ser modificadas al manifestarse en tal entorno.

         Para Le Breton (2002), “La sociología del cuerpo forma parte de la sociología cuyo campo de estudio es la corporeidad humana como fenómeno social y cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de imaginarios. Recuerda (al ser humano) que las acciones que tejen la trama de la vida cotidiana, desde las más triviales y de las que menos nos damos cuenta hasta las que se producen en la escena pública, implican la intervención de la corporeidad. Aun cuando más no sea por la actividad perceptiva que el hombre despliega en todo momento y que le permite ver, oir, saborear, sentir, tocar...y, por tanto, establecer significaciones precisas del mundo que lo rodea”.

         Se entiende que la corporeidad es toda la manifestación corporal que se potencia  en los individuos. Es sentir y vivir el cuerpo en sus connotaciones  de saber pensar, saber ser y saber hacer. Es decir, manifestarse integralmente a través de lo cognitivo, de lo ético y de lo práctico, lo que deviene en corporeidad. Y tener corporeidad, es existir, apropiarse del espacio y del tiempo que le acontece, transformarlo, clasificarlo y darle un valor en base a las sensopercepciones, y además de entablar un diálogo con palabras, hacerlo con la amplia gama de la expresión corporal (gestos, ademanes, posturas, miradas). En palabras de Le Betron (2002), “a través de su corporeidad el hombre hace que el mundo sea la medida de su experiencia. Lo transforma en un  tejido familiar y coherente, disponible para su acción y permeable  a su comprensión. Como emisor o receptor, el cuerpo produce sentido continuamente y de este modo el hombre se inserta activamente en un espacio social y cultural dado”. La corporeidad es el eslabón  de una existencia significativa y trascendente.

El buscar dar un orden y una reestructuración a las prácticas docentes que se ven implicadas en la modificación integral del individuo, que interactúa y convive en las instituciones educativas, es pretender conocer, criticar, sensibilizar y reformar  dicha práctica y su fundamentación docente, en base a los resultados de una praxis congruente con los requerimientos del  grupo en un contexto de educación integral en cada una de las disciplinas que se ven involucradas directamente con la sociología del cuerpo.

         Si  se parte de  la premisa de que el ser humano es un ente social  que se interrelaciona por y a través del cuerpo, es de suma importancia entonces conocer y manejar las variantes que condicionan su óptimo desempeño en una sociedad escolar cada vez más competitiva, es decir “de que manera nuestro físico se ve afectado por las influencias de los factores sociales” (Gidenns, 1999), que no sería otra cosa que el estudio de la sociología del cuerpo.

         Conocer y manipular las condicionantes de la sociología del cuerpo, redundará en un mejoramiento de las políticas a seguir en la educación formal. Entendiendo que el cuerpo es una totalidad integrada por tres áreas: social-afectiva, cognitivo-intelectual y kinestésico-corporal.

Bibliografía

- Bernard, Michel. 1985. El cuerpo. Ed Paidós, España

- Dicaprio, N. S. 1992. Teorías de la personalidad. Ed. Mc Graw Hill, México.

- Giddens, Anthony. 2000. Sociología. Ed. Alianza, México.

- Paredes,   Jesús.   2003.   Desde   la  corporeidad  a  la  cultura.  Revista  digital Efdeportes No. 62. Julio, Buenos Aires, Argentina

- Le Betron, David. 2002. Sociología del cuerpo. Ed. Nueva visión, Buenos Aires.

Referencias:

1     García Bacca (1987). En Jesús Paredes. 2002.   “Desde la corporeidad

       a la cultura”.  Revista  Digital Efdeportes. No. 62

2     Zubiri (1986). En Jesús Paredes. op. cit.

3     Michel Bernard (1985). El cuerpo. Ed. Piadós. España. p.12

4     Entiéndase el concepto “hombre” bajo el término de especie, y no por el

       de género.

5     J. M. Brohm (1968). En M. Bernard. El cuerpo. op cit. p. 20

6     Trigo y Rey (2000). En Henry Portela. op cit. p. 5

7     Jesús Paredes (2002). Desde la corporeidad a la cultura.

8     Julián Mac Gregor. (1992). En Dicaprio N. 1992.  Teorías de la  

       personalidad. Ed. Mc Graw Hill. México. p. 25







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Autor: Alfonso Espinal
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