ROJAS, Enrique.
La conquista de la voluntad
México. Ed. Planeta Mexicana. Col. Vivir Mejor.
La
conquista de la voluntad
“Hay una fuerza motriz más
poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”. Albert
Einstein
Enrique Rojas nos muestra un análisis
profundo y enriquecedor de la voluntad, concibiéndola como la fuerza que
posibilita el desarrollo humano, el texto nos invita a pensarla en tanto a
educable como un querer que exige una serie de continuos ensayos y esfuerzos
que las personas debemos realizar en todo momento de nuestras vidas. Una vez
educada la voluntad, se afianza y produce frutos, y para formarla debemos huir
de algunos aspectos que caracterizan nuestro mundo actual, tales como facilismo
y la inmediatez. Se debe renunciar a todo aquello inmediato y urgente que
determina la forma de realizar nuestras acciones en la actualidad, superar una
forma de vida inaplazable para planear un proyecto de vida en el cual no hay
lugar para la improvisación.
La voluntad es determinarnos,
autogobernarnos con consistencia en nuestros objetivos, forjando coraje ante
las dificultades, teniendo la entereza de volver a empezar. Esto implicará
muchas veces de privarnos de cosas buenas que quizá en ese momento exigen una carencia
pero que concluyentemente nos dirigirán a alcanzar metas con mayor
trascendencia. En suma, el autor plantea que aquel que tiene educada la
voluntad, es más libre y puede dirigir su vida a donde quiera porque está
dispuesto a ceder y dominarse en una autoposesión que lo aparta de referentes
fortuitos.
El hombre que no tiene educada la
voluntad es inconsistente y frágil, y cualquier acontecimiento inesperado lo
hace desviarse de lo que ya ha trazado, por lo tanto; es importante educarla
para ser artífices del cambio y no víctimas de arrebatos, desganos e
indiferencias. No olvidemos que la conquista de la voluntad se proyecta y se
construye sobre la alegría y la satisfacción de estar en el camino correcto, sí
porque ésta será un motor que genera motivación cuando se ha alcanzado una meta
prevista. Es un estímulo que nos provoca volver a trazar nuevos objetivos y
realizarlos. Esta alegría va evolucionando en felicidad cuando el ser comprueba
de qué manera puede moldear su personalidad errónea para lograr pequeños cambios
que lo gratifiquen y lo conduzcan a la autorealización personal. Enrique Rojas
nos muestra cómo fortalecer nuestra voluntad uniendo nuestros pensamientos a
todo aquello que se nos presenta como superior y que nos hace saber que somos
capaces de formar parte de la Armonía universal.
Juicio valorativo
Como profesional de la educación,
considero que la formación de la voluntad es un quehacer pedagógico que se
presenta ante nuestra realidad como una de las más altas tareas de nuestra
acción. Sí, porque en nuestra contemporaneidad se le ofrece a la población
(nuestros educandos) muchas ocasiones que los invitan a la concupiscencia y a
la liviandad. Vivimos en una época en donde los falsos placeres, el
relajamiento de las normas, la permisividad, el relativismo, el Carpe diem! ,
el poder del dinero, etc., nos posibilitan el camino para nuestra mayor
degradación.
Conquistar nuestra voluntad resulta
difícil de lograr, pero hacerlo representa precisamente un mérito que se
convierte en un motor de automotivación que se potencia y actualiza de forma
perenne en nuestra existencia. ¿Qué esfuerzo representaría hacer algo que no
implica esfuerzo o sacrificio alguno? El autogobierno es una clara muestra de
una voluntad disciplinada contraída a partir de acciones una tras de otra.
A partir del libro de Enrique Rojas,
afirmamos que existe una necesidad imperante de educar a las personas a poseer
una voluntad formada, la cual les proporciona la fuerza y la determinación que
los mantenga en un estado de congruencia entre sus principios morales y su
actuar. Entonces, los educadores debemos preguntarnos el por qué del excesivo
cuidado a la formación intelectual de los estudiantes cuando diseñamos el
curriculum, indiscutiblemente se descuida la educación de la voluntad cuando es
ésta la que nos permitirá lograr la independencia de la educabilidad de las
personas. Sí porque pensemos que solamente compartimos una pequeña parte de la
vida de nuestros educandos, ellos deben querer seguir perfeccionándose aunque
ya no estén con nosotros. ¿Para qué nos sirven cabezas formadas sin una
voluntad templada que les permitan hacer lo que es bueno?
Un educando que ha conquistado su
voluntad, será consciente de las responsabilidades que implican vivir la vida
humana, reconocerá que en él está la realización de un buen futuro para la
humanidad y no sólo par él mismo.
Es por todo esto que los educadores
debemos ser un ejemplo de una voluntad que se esfuerza y se sacrifica, si no
ellos se preguntan por qué es que somos su guía y su autoridad cuando no lo
merecemos. Aunque esto suene crudo, debemos de encontrar la forma de mostrarles
que efectivamente estamos en guerra para obtener nuestra libertad y que la
batalla nos es con nadie más que con nosotros mismos.
Concluyamos pues que la conquista de la
voluntad conlleva acciones permanentes que forman nuestro estilo de vida,
entonces los pedagogos debemos formar no sólo en lo cognitivo o en la técnica
sino en la actitud también. La formación moral nos deja vislumbrar un camino
para debilitar todas aquellas influencias indeseables que provienen
especialmente de los medios de comunicación.
Planeemos el curriculum para formar la
actividad espiritual; podríamos comenzar por la formación de hábitos, control
de sus emociones o inculcarles valores elevados. Una educación responsable
invita a las personas a plantearse un nivel elevado de exigencia personal, y desde
mi punto de vista, esto significa saber educar y no otorgar un número de forma
terminal. Es saber que como profesores somos motivo de inspiración para
provocar el querer querer de nuestros educandos.