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Alimentación Infantil


Periodo de 0 a 6 meses

Los primeros meses de vida son el periodo de crecimiento y desarrollo más rápido en la vida del niño. Cuando éste es más inmaduro y vulnerable es especialmente importante asegurarle una alimentación suficiente y adecuada, con el objetivo de satisfacer sus necesidades nutritivas, prevenir y /o tratar diversas situaciones patológicas y crear unos buenos hábitos alimentarios.

Esta etapa se divide en dos etapas bien diferenciadas “Periodo lácteo” en el cual la leche es su único alimento, ya sea leche humana o artificial. Comprende desde el nacimiento hasta los 4-6 meses aproximadamente. Durante este el lactante es capaz de succionar y deglutir, pero aún no ha desarrollado la capacidad de digerir ciertas proteínas y sus riñones no son capaces de soportar cargas osmolares excesivas (líquidos muy concentrados en partículas: sales minerales, glucosa). El recién nacido no nace sabiendo mamar pero desarrolla esa capacidad en las primeras 48 horas de vida. El reflejo de succión tiene la máxima respuesta a los 20-30 minutos después del parto y debería ser aprovechado. “Periodo de transición” Comprende a partir del cuarto mes de vida. En este periodo se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, preparados de forma adecuada en consistencia y cantidad, para no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal, así como el progresivo desarrollo neuromuscular. Esta etapa debe favorecer el desarrollo de los sentidos de modo que se puede pasar de succión a cuchara, lo que permitirá paladear mejor, y cambiar la textura, de líquido a triturado, y cuando ya tenga dientes a troceado.

Lactancia

La alimentación del bebé es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, ya que condiciona de una manera muy notable su salud.

La lactancia materna es, o debe ser, la principal fuente de alimento a esta edad, exclusiva en los primeros meses, ya que la leche de mujer se adapta perfectamente a las necesidades nutricionales y las características digestivas de los lactantes hasta la introducción de la alimentación complementaria.

Existen muchos motivos científicamente fundados que avalan la superioridad de la leche materna frente a cualquier otra. La leche materna proporciona al bebé abundantes elementos que ejercen funciones inmunitarias defendiéndole frente a infecciones. Juega un papel decisivo en la configuración del aparato masticador humano. La falta o disminución de la lactancia materna está provocando un aumento de las anomalías dentales (síndrome de malposición dental), ya que la succión es distinta según se realice en el pecho o en el biberón. La íntima relación que se establece durante el acto de amamantar reporta unas importantes ventajas psicológicas tanto para la madre como para el niño. La lactancia materna es más barata, cómoda e higiénica, ya que no necesita de manipulación. Es un estímulo para los sentidos del tacto, vista, oído y olfato, permitiendo un desarrollo más pleno de las capacidades del bebé. Protege frente a la obesidad del bebé. En esta etapa de la vida la obesidad no se produce por un aumento de volumen de las células, como ocurre una vez terminado el crecimiento, sino por una multiplicación celular. La lactancia materna disminuye la incidencia del cáncer de mama en la mujer. Durante los primeros días tras el parto, la madre tiene poca leche y ésta presenta unas características especiales: es el llamado calostro (rico en proteínas, vitaminas, minerales y elementos inmunológicos o de defensa). Esta cantidad es la que necesita el bebé y su calidad le reporta unos importantes beneficios.

Los lactantes alimentados con leche materna contraen menos enfermedades y están mejor nutridos que los que reciben otros alimentos con biberón. La alimentación exclusiva con leche materna de todos los bebés durante los seis primeros meses de vida permitiría evitar alrededor de un millón y medio de muertes infantiles cada año y la salud y el desarrollo de otros varios millones mejoraría considerablemente.

No hay un número de tomas fijas, éstas dependen del ritmo biológico de cada bebé. En las primeras semanas de vida. Las tomas deben ser muy seguidas y continuas. Se recomiendan alrededor de 10 o 12 tomas diarias. Esto se debe a que el estómago del bebé es muy pequeño y la leche se digiere de una manera muy rápida. Por ello, las tomas no deben de distanciarse más de tres horas, pues puede haber riesgos de deshidratación y problemas de bajo peso. Además si es la madre la que amamanta a su hijo, estos espacios de tiempo reducidos entre toma y toma, le ayudarán a tener sus senos estimulados, lo que le garantizará el mantenimiento de la leche. En este período la leche que debe consumirse es la leche materna. A falta de ésta, podrá ingerirse la Leche 1, conocida también como leche de inicio.

A medida que va creciendo. El número de tomas podrán distanciarse. A veces cuando el niño sigue con el ritmo inicial de alimentación, puede resultar positivo comenzar a espesar la leche con pequeñas dosis de papilla. De esta manera, el bebé se saciará y no verá la necesidad de alimentarse tan rápidamente. En este momento, por tanto, la leche utilizada ha de ser la Leche 2 o leche de continuación. Este tipo de leche es muy variada, por lo que deberá procurarse un orden lógico: leche con papilla de cereales sin gluten, leche con papilla de frutas, y posteriormente todo tipo de papillas. Al administrar este tipo de leche es conveniente cerciorarse que el aceite que lleva como ingrediente es de oliva, puesto que los aceites vegetales, de girasol,... a veces provocan alergias importantes a los bebés.

Es importante hacer notar que la leche materna contiene una proteína "la lactoalbúmina" la cual contiene un alto porcentaje de aminoácidos, que permiten que la leche sea de más facil digestión,formando grumos suaves,lo cual conduce a vaciar el estómago rápidamente necesitando por ello  tetadas más frecuente. Proporciona alrededor de 20 Kcal / onza y contiene mayor cantidad de lactosa (glucosa y galactosa) siendo la galactosa, esencial para la producción de galactolípidos, elementos indispensable para el crecimiento del sistema nervioso central.

En la actualidad existe una gran cantidad de Sustitutos de la leche materna que constituyen las fórmulas adaptadas, preparadas de forma muy cuidadosa y cada vez mejores pero que no han conseguido igualar a la leche materna o lactancia de pecho.

Este tipo de alimentación debe ser de elección, sustituyéndose por fórmulas artificiales únicamente cuando exista algún impedimento por parte de la madre o del hijo que así lo justifique, ya que los beneficios que reporta la alimentación materna no pueden conseguirse de otra manera. La alimentación materna debe suprimirse únicamente en casos de verdadera imposibilidad.

La lactancia Artificial consiste en alimentar al bebé con fórmulas lácteas adaptadas. Éstas se consiguen modificando la leche de vaca para intentar que se parezca al máximo a la leche de la madre. Las leches adaptadas contienen los componentes necesarios para cubrir las necesidades del bebé.

Si exceptuamos aquellas leches especiales para niños con problemas específicos, las Leches Artificialesse pueden dividir en dos grupos: leches de inicio y leches de continuación. Esta distinción se hace en Europa, ya que en otros países no existe esa diferencia.

Las leches de inicio (suele poner un 1 en el envase) se utilizan desde el nacimiento hasta los 5-6 meses de edad. Son leches con una menor cantidad de proteínas y también menos cantidad de hierro que las llamadas "de continuación" (leches 2), que habitualmente se utilizan desde los 5-6 meses hasta los 12-15. Ambos tipos de leche están presentes en el mercado tanto en forma líquida como en forma de polvo. La primera es más sencilla de manejar, mientras que la presentación en polvo es bastante más barata. La composición no varía con la forma de presentación.

Los niños que reciben lactanciaartificial se alimentan a demanda y tienden a despertarse para comer cada 3 ó 4 horas. La alimentación debe iniciarse poco a poco a lo largo de la primera semana de vida, empezando en unos 30 ml y hasta los 60 ml aproximadamente 6 veces al día, que suministran unas 120 kcal/kg al final de esa primera semana. El volumen consumido con la primera toma llega a 15 ml y el ofrecido en las tomas siguientes debe incrementarse gradualmente hasta 60-90 ml por toma. Durante el primer año de vida un niño ha de tomar, al menos, medio litro de leche al día.

Se debe ofrecer agua al recién nacido entre las tomas, sobre todo en épocas de calor o cuando el ambiente es seco y caluroso. Si el niño pide cantidades de leche superiores a la ingesta calculada, se le ofrecerá asimismo agua, para evitar la sobrealimentación. El niño debe mantenerse semierecto durante todas las tomas, mirando a su madre o padre, y el biberón nunca debe ser apoyado. Esta técnica de alimentación protege los oídos del lactante, favorece el contacto ocular y permite la relación social durante las tomas.

Al igual que sucede con la lactancia materna, a partir de los 4-6 meses la lactancia artificial se combina con la alimentación complementaria. El motivo más importante para la introducción de la alimentación complementaria es el aumento de las necesidades de energía o calorías para que el niño crezca de forma adecuada.

Para preparar los biberones es muy importante ajustarse a las medidas y proporciones que nos indique el pediatra y leerse muy atentamente las instrucciones que están en los envases; así se evitara que el niñ@ pueda tener problemas digestivos.

En la preparación del biberón se deben respetar las más sencillas medidas higiénica que evitaran muchos problemas al bebé. Antes de preparar el biberón, hay que lavarse las manos con agua y jabón. Esterilizar el biberón, la rosca y la tetina.

El agujero de la tetina debe tener el tamaño justo para que la leche caiga gota a gota sin tener que agitar el biberón.

No es necesario que la temperatura de leche sea de 36-37ºC. Se puede administrar a temperatura más templada (ambiente), según el gusto del bebé, sin que se altere por ello la calidad de la leche.

·Si se ha elegido la presentación líquida, simplemente tendrá que echar en el biberón la cantidad de leche que necesite su bebe y dárselo.

·Si por el contrario se opta por la presentación en polvo, la preparación es la siguiente:

Si en la localidad hay buen control sanitario del agua para el consumo humano, se toma directamente del grifo al biberón. Si existen dudas, se debe emplar agua envasada pero de bajo contenido en sales minerales. Es preferible no hervir el agua ya que coge mal sabor y se concentran las sales minerales que lleva disueltas.

Se calienta levemente el agua si fuera necesario a una temperatura templada. No es recomendable utilizar el horno microondas para calentar el biberón, ya que no lo hace homogéneamente y se podría encontrar zonas de leche muy caliente que pasaran inadvertidas y provocar así quemaduras en la boca del bebé. En cualquier caso no hay que olvidarse de agitar bien el biberón antes de dárselo al niño.

Se debe respetar las normas indicadas por el fabricante. Casi todas las leches en polvo a la venta están fabricadas para añadir un cacito raso cada 30 cc de agua, o sea que un biberón con 60 cc de agua precisará de 2 cacitos. No se debe preparar leche con concentraciones distintas a las indicadas, ya que si se pone mayor cantidad de agua de la necesaria, se podrá disminuir el aporte de alimento a su bebé y, por el contrario, poca cantidad de agua podría causarle problemas digestivos o renales.

Se añade el número de cacitos necesario y se agita suavemente la mezcla hasta que se hayan desecho todos los grumos. Se nota que aumenta el volumen, de forma que lo que eran por ejemplo 120 cc de agua, ocupan ahora, tras añadir los polvos, alrededor de 130 cc o más; sin embargo se le seguirá llamando "un biberón de 120", que es la cantidad de agua que lleva.

Se puede preparar varios biberones y luego guardarlos en el frigorífico y calentarlos en el momento de usarlos pero la leche así preparada deberá ser ingerida antes de que pasen 24 horas.

Una vez que esté preparado el biberón, se deben colocar unas gotas en el dorso de su mano o en la cara anterior de la muñeca para comprobar la temperatura de la fórmula. Si apenas la siente, es que la temperatura es la adecuada y, ante la duda, es mejor que se acerque a templada que a caliente.

Existen dos tipos de esterilizaciones: en frío o en caliente. Todos los sistemas son igualmente válidos siempre y cuando se respeten los tiempos de esterilización.

Esterilización en Frío.Permite esterilizar biberones, tetinas, roscas, chupetes, mordedores o juguetes, sólo con introducirlos en una cubeta con agua y una solución química. El tiempo de esterilización varía según las marcas, de media a una hora. La solución debe renovarse cada 24 horas para evitar posibles infecciones. Antes de la preparación del biberón se debe aclarar con agua hervida.

Esterilización en Caliente.Hervido con olla tradicional, olla eléctrica o microondas. La esterilización se produce a través del vapor de agua y con una duración de diez a veinte minutos. Se llena previamente con agua el biberón hasta los dos tercios de su volumen, colocándolo boca abajo para que el vapor caliente pase con más facilidad.

El biberón pretende ser un sustituto artificial del pecho materno, de forma que al introducir alimentos más sólidos, como papillas de cereales, fruta o puré, alrededor de los 6 meses, ya no resulta necesario

Para Dar el biberón se debe poner al bebé en posición semi-incorporada o sea, ni sentado ni tumbado, sino recostado. El biberón se debe colocar de tal forma que la tetina esté siempre llena de leche. Se debe preparar más leche de la necesaria, ya que pueden existir diferencias entre las distintas tomas y es aconsejable que nunca vacíe completamente el biberón, esto también quiere decir que no se debe empeñar en que el bebé tome toda la leche contenida en el biberón; en cuanto rechace la tetina con la lengua, se debe dejar de insistir. La leche sobrante no se puede aprovechar para una toma posterior, sino que debe desecharse.

Es muy aconsejable que durante la toma y sobre todo al final, el niñ@ eructe. Esto es más importante en aquellos que ingieren muy deprisa o muy despacio, porque llenan su estómago de aire con lo que se provoca una falsa sensación de saciedad.

La lactancia mixta raras veces en un recién nacido sin problemas es precisa de verdad, y si antes del tercer día parece poco interesado en mamar es por que aun tiene sus propias reservas. Si por la razón que fuera, se administra un biberón de leche artificial a un bebé alimentado al pecho, no debe asumirse que necesariamente ha de ser la despedida de la lactancia natural.

No se debe probar a ver si todavía tienen hambre ofreciéndoles un biberón tras darles el pecho, ya que seguramente tomarán algo por el simple placer de chupar de un "pezón" que encima deja salir leche con tanta facilidad. Que lo acepten, no quiere decir que lo necesiten.

Bastantes niños empiezan a necesitar algún biberón, solo o después del pecho, al encontrarlo menos lleno debido al cansancio de sus madres o estas han creído que dormiría más dándole un poco de biberón tras la última toma del día lo cual no siempre es cierto, haciendo así que realmente bajara la producción de leche.

La forma de mantener la producción de leche materna es el vaciado del seno, ya sea por succión directa del niño o por medio de un dispositivo "sacaleche". Por esta razón, siempre que sea necesaria la alimentación con biberón de un bebé amamantado hasta ese momento sólo de forma natural, es muy recomendable comenzar en cada toma por ponerlo primero al pecho, con el biberón ya preparado al lado, y luego, tras una pausa, ofrecerle la leche artificial para terminar de saciar su apetito. Si se nota que el niño toma poco biberón, es muy probable que le llegue con el pecho solo.

Si el control mensual de peso indica que el crecimiento de un lactante menor de seis meses es insuficiente. El niño necesita ser amamantado más a menudo. Por lo menos pueden resultar necesarias 12 tomas durante un período de 24 horas. El lactante debería mamar por lo menos durante 15 minutos.

Puede que el niño necesite ayuda para poder colocar la mayor parte del pezón en la boca. Puede que el niño esté enfermo y debería ser conducido a un agente capacitado de salud. Puede que el agua u otros líquidos estén reduciendo la ingestión de leche materna. La madre debe amamantar exclusivamente a su hijo y no darle ningún otro líquido.

Inicio de la alimentación complementaria

Dar el pecho al bebé constituye una experiencia muy agradable y beneficiosa para el pequeño. La leche materna le aporta gran cantidad de anticuerpos que le previene de posibles enfermedades. Además, es una sensación que une mucho al bebé con su madre. Sin embargo, el momento del destete llega tarde o temprano. A veces se pasa del pecho a la cucharilla, pero también puede suceder que por motivos laborales la madre se vea obligada a alimentar al bebé con biberón.

En cualquiera de los dos casos se hace necesario que se cumplan ciertos requisitos para que el destete se logre de la forma más satisfactoria posible.

·Tomar en brazos y mimar al niño mientras se le esté alimentando.

·Llevar a cabo el destete gradualmente y no de golpe, quitando las tomas menos importantes y dejando para el final la primera del día y la última, pues son en las que más apetito presenta.

Esto ayuda a que el niño vaya acostumbrándose a la nueva manera de alimentarse, y a que la madre no sufra congestión en el pecho. Si se va a destetar al bebé antes de los seis meses, es recomendable que a partir del mes de vida se vayan introduciendo tomas con biberón, 3 veces a la semana. Tras el destete, es preciso que hasta que el bebé cumpla un año, su alimentación vaya acompañada de hierro para evitar posibles anemias. En ocasiones, el destete muestra mayores complicaciones de las habituales. Esto puede deberse al estrés, a cambios de horarios de comida y de sueño y a enfermedades. En estos casos, es conveniente que el destete sea interrumpido hasta que los problemas hayan sido solventados.

Por otro lado, es preciso ser conscientes de que el destete no sólo afecta al bebé, sino también a la madre. En ocasiones va acompañado de una depresión de carácter leve, provocada por alteraciones hormonales. Es más probable su aparición cuando el destete se realiza de golpe.

La función de cubrir todos los requerimientos del bebé y balancearlos, se mantiene hasta aproximadamente los 4 a 6 meses de vida. A partir de ese momento, el aporte de leche materna, deja de ser totalmente suficiente para cubrir las necesidades de crecimiento, aunque por unos meses más va a continuar siendo el mayor porcentaje de la alimentación que recibe el bebé. Hace unos años a las primeras comidas del bebé se las llamaba comidas del destete. Hoy se sabe que ese nombre no es del todo adecuado, ya que justamente la primera comida viene a complementar a la lactancia y nunca a reemplazarla. Los niños pequeños enferman con frecuencia cuando empiezan a gatear, a caminar y a jugar, y a beber y comer líquidos y alimentos que no son leche materna. Un niño enfermo necesita tomar mucha leche materna, ya que le proporciona un alimento nutritivo y fácilmente digerible en un momento en que ha perdido el apetito por otros alimentos.

Después de un período prolongado de lactancia, el bebe se alimentó y creció grande y sano solo con la leche de la mamá, ahora necesita comenzar con su primera comida complementaria. La introducción de papillas debe hacerse siempre de forma progresiva, complementando con pecho o biberón hasta que tome la ración completa de papilla. Se deben Introducir los alimentos con una diferencia entre ellos de 15 días.

A partir de los 4 meses se produce la maduración de órganos y sistemas, con una mejoría de la secreción gástrica y pancreática, así como la movilidad intestinal y la respuesta inmunológica. En este período se podrá comenzar con los cereales y a los 5 meses con la fruta. La leche en este tiempo se continúa con fórmula de inicio, en el caso que el bebé no esté lactado al pecho. Entre los 4 y los 6 meses el bebé tiene capacidad de transportar y tragar alimentos semisólidos puestos en la parte anterior de la boca. Desaparece el reflejo de extrusión. Controla la musculatura labial para cerrar la boca, tiene movimientos de lengua hacia atrás y adelante y mueve hacia dentro el labio inferior cuando se retira la cuchara. A esta edad, hay también un aumento de la secreción de ácidos biliares y de la secreción pancreática, por tanto aumenta la capacidad de digestión y absorción de alimentos más complejos. No obstante la barrera intestinal al tener mayor permeabilidad, es más vulnerable a la entrada de sustancias potencialmente lesivas. En este período, además el sistema inmunitario intestinal, no está completamente desarrollado, por lo que el lactante está más facilmente expuesto al riesgo de infecciones y de hipersensibilidad, por la inmadurez de los mecanismos de defensa contra algunos problemas.

Papilla de cereales sin gluten

Los cereales son el primer alimento no lácteo que se introduce en la alimentación de los lactantes en forma de papillas. Su aportación energética es buena, debido a su contenido en hidratos de carbono relativamente elevado. También contribuyen al suministro de proteínas, minerales y vitaminas, además de ácidos grasos esenciales. Todos ellos se presentan parcialmente hidrolizados, lo que favorece la digestión por una amilasa pancreática que en ocasiones no está lo suficientemente desarrollada, además de una mejor solubilidad en el agua o la leche. Antes de los 6 meses los cereales que se suminstrarán al bebé son SIN GLUTEN.

La administración de papillas de cereales supone un mayor valor energético y una absorción más lenta de los nutrientes. Esto conlleva un mantenimiento más prolongado de la glucemia y, por tanto, un retraso en la aparición de la sensación de hambre, permitiendo con ello un mayor esparcimiento de las tomas. Las papillas de cereales se incorporan primeramente en el biberón, en una concentración del 3-5%, para unos meses más adelante prepararse en el plato a una concentración del 8-12% incorporando el trigo como cereal básico.

Si el bebé está con lactancia materna se puede preparar la papilla con leche materna extraída (con sacaleches o manualmente) o con la leche de iniciación que le indique su pediatra. Si está con lactancia artificial preparar la papilla con su leche habitual y cereales sin gluten. Espesar progresivamente la leche y dar con cucharita.

Papilla de fruta natural

La fruta suele ser el segundo alimento no lácteo que se introduce en la dieta, aunque no hay argumentos científicos importantes que demuestren ventajas sobre el orden de introducción de cereales o frutas. Las frutas son ricas en agua, hidratos de carbono, residuos como la celulosa, vitaminas (especialmente la vitamina C) y minerales. Su introducción se puede iniciar en zumo, en papillas o en Potitos hechos con manzana, plátano maduro y pera, al que se le añade zumo de naranja, y posteriormente fruta variada del tiempo. Se deberán evitar frutas potencialmente alergénicas, tales como fresas, fresones, frambuesas y moras, pues son capaces de liberar histamina y producir manifestaciones alérgicas

Se deben dar distintas variedades de frutas para favorecer el aprendizaje alimentario y potenciar el desarrollo de los sentidos. Es conveniente que sea madura o incluso cocida porque es más digestiva, aunque en ésta última se pierda el componente vitamínico, el cual puede compensarse ofreciendo al bebé zumo de fruta fresca, preferentemente cítricos. Las papillas sólo de frutas no tienen la energía de una toma de biberón, por lo que el bebé no se queda tan lleno. Por tanto, es conveniente añadir a las mismas alguna harina sin gluten desde el comienzo de sus tomas

Se debe empezar con media pieza y zumo de naranja o su leche habitual, progresivamente aumentar la cantidad de fruta hasta llegar a una pieza entera de cada una. Si se prepara con zumo de naranja no se debe añadir leche. No añadir miel, leche condensada, azúcar, cereales ni galletas. Es conveniente usarla para merendar.

Habitos

Desde su nacimiento hasta los 2 meses de edad, la mayoría de los bebés se despiertan dos veces por noche para que los alimenten. Entre los 2 y 3 meses de edad, la mayoría de los bebés necesitan alimentarse una vez en el medio de la noche. Cuando tienen ya 4 meses de edad, la mayoría de los bebés alimentados a biberón ya duermen más de 7 horas sin necesidad de comida. La mayoría de los bebés amamantados pueden dormir toda la noche cuando tienen 5 meses de edad. A esta edad, los niños normales no necesitan calorías por la noche para mantenerse sanos.

Algunas razones, entre otras, por las que los bebés mayores de 4 meses se despiertan de noche para comer son:

·Amamantar o darle el biberón al bebé hasta que se duerma.

Si el último recuerdo del bebé antes de dormirse es del biberón o el seno de la madre, éstos se convertirán en una mascota. El niño no aprenderá a consolarse o dormirse solo sin el biberón o el seno de su madre. Por lo tanto, cuando el bebé se despierte normalmente de noche, habrá formado el hábito de no dormirse hasta que lo alimenten. Si se lleva al niño a la cama de sus padres para comer, el problema se agrava.

Dejar un biberón en la cama. Periódicamente por la noche el bebé chupará el biberón.

Cuando se vacíe, se despertará por completo y empezará a llorar para que se lo vuelvan a llenar. Si deja el biberón en la cuna, a menos que tenga sólo agua, se pueden producir muchas caries en los dientes.

·Alimentación frecuente durante el día.

Algunas madres interpretan equivocadamente el concepto de "alimentación a demanda" y creen que hay que dar de comer al bebé cada vez que llora. Esta equivocación puede resultar en que el bebé coma cada 30 a 60 minutos. El bebé se acostumbrará a comer pequeñas porciones frecuentemente en vez de esperar por lo menos 2 horas entre comidas al nacer y por lo menos 4 horas entre comidas a partir de los 4 meses de edad. Cuando se forma el hábito de alimentarse cada hora, se dice que el bebé está "picando". Este problema ocurre con más frecuencia en bebés que amamantan si se usan los senos como si fueran un chupete. La dependencia del biberón crea el hábito en el bebé de llevarlo a todas partes durante el día. Además, si le da mucho líquido al bebé de noche, se despertará con más frecuencia porque sus pañales están mojados.

Si el bebé tiene más de 4 meses de edad y se despierta llorando una o más veces por noche para comer, se puede probar con los siguiente

·Prolonguar gradualmente el tiempo entre comidas durante el día a 3 ó 4 horas.

No se podrá prolongar el tiempo entre comidas de noche si pasa poco tiempo entre comidas durante el día. Si un bebé se acostumbró a comer frecuentemente durante el día, se mostrará hambriento también de noche. Éste es un problema que le ocurre a las madres que no pueden separar el acto de alzar al bebé del acto de amamantarlo. Por cada vez que se amamante al bebé, se debera tomar en brazos para acariciarle 4 ó 5 veces sin darle de comer. Gradualmente se debe demorar las horas de amamantar hasta que sean más normales para la edad del bebé. Si actualmente se está alimentando al bebé cada hora, se aumenta el tiempo entre comidas a 1 hora y media. Cuando el bebé acepte el nuevo horario de alimentación, se aumenta el lapso a 2 horas entre comidas. Cuando el bebé llore, se lo acarícia o se le da un chupete. Cuando el bebé se alimenta con fórmula, el objetivo es darle 4 mamilas por día cuando el bebé tenga 4 meses de edad. La mayoría de los bebés que amamantan necesitan 5 comidas por día hasta que tienen 6 meses de edad, cuando se les va agregando comidas sólidas en la dieta.

·A la hora de la siesta o de irse a dormir, coloque al bebé en la cuna cuando tenga sueño pero esté todavía despierto.

Cuando vea que el bebé empieza a demostrar que tiene sueño, acuéstelo en la cuna. Si el bebé está muy molesto, se lo mece hasta que se calme o esté casi dormido, pero hay que parar antes de que se duerma por completo. Si el bebé se duerme mientras está amamantando o chupando la mamila, lo mejor es despertarlo. Para ayudar a que el bebé no asocie la comida con la hora de irse a dormir, pruebe darle de comer 1 hora antes de la siesta o de la hora de irse a dormir. El último recuerdo del bebé al estar despierto debe ser su cuna y el colchón, no el biberón o el seno de la madre. Tiene que aprender a dormirse solo. El bebé tiene que aprender esta técnica para poder volver a dormirse cuando se despierte naturalmente de noche.

·Si el bebé llora a la hora de la siesta o de irse a dormir, vaya a ver cómo está cada 5 a 15 minutos.

Se debe visitar antes de que se enoje demasiado. En el caso de bebés menores de 1 año, o muy sensibles, es posible que tenga que ir a ver cómo están cada 5 minutos. Gradualmente hay que prolongar los intervalos de visita. Haga visitas breves y aburridas pero que brinden respaldo. No se debe quedar en el cuarto del bebé más de 1 minuto. No se debe encender las luces. Actuar como si se tuviera sueño. Susurre, "Shh, están todos durmiendo". No hay que sacarlo de la cuna. No hay que alimentarlo, ni mecerlo ni juegar con el bebé. Si el contacto es breve, no se le proporcionará una recompensa suficiente como para querer seguir comportándose de esa manera. Una vez que haya puesto al bebé en la cuna, déjelo allí.

·Deje de darle el biberón en la cama a su bebé.

Si alimenta al bebé a la hora de irse a dormir, no debe dejar que sostenga el biberón. Además, aliméntelo en un cuarto distinto que su dormitorio. Trate de separar la hora de comer de la hora de ir a la cama. Si su bebé tiene que chupar algo para poder dormirse, ofrézcale un chupete o ayúdele a que encuentre su pulgar

Obesidad

La obesidad infantil es un proceso metabólico en el que se produce una acumulación de grasa excesiva en relación con el promedio normal para su edad, sexo y talla. Un niño se considera que es obeso cuando su peso sobrepasa el 20% de su peso ideal.

Acorto plazo sus consecuencias más frecuentes son alteraciones psicosociales: incluso en edades tempranas el niño obeso es descrito despectivamente por sus compañeros, tiene problemas de aislamiento y relación y menores expectativas académicas. Mención especial merece la repercusión psicológica de la obesidad, e incluso de un mínimo sobrepeso, sobre los adolescentes como coadyudante de importantes problemas de alimentación como la bulimia-anorexia nerviosa. A medio plazo la obesidad infantil produce alteraciones ortopédicas, respiratorias y cutáneas. No habituales, pero de extrema gravedad, son el síndrome de Picwick (somnolencia e insuficiencia respiratoria), miocardiopatía y pancreatitis asociados a obesidad. En los niños obesos aumenta la incidencia de la diabetes mellitus y el riesgo de la intolerancia a la glucosa, hipertensión y alteraciones de los lípidos (aumento de colesterol y triglicéridos). La obesidad infantil aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. El 75% de los adolescentes obesos serán obesos de adultos y la obesidad es factor de riesgo de enfermedad cardiovascular.

La obesidad aparece porque el aporte de energía (ingresa de alimentos) supera al gasto de energía y el excedente se almacena en el organismo como tejido graso. La ingesta calórica es un acto voluntario sometido a influencias ambientales, socioculturales y genéticas. En los paises desarrollados la causa del cambio de la dieta mediterránea por la 'dieta de supermercado', demasiado rica en hidratos de carbono y grasas saturadas, acceso fácil a cantidades ilimitaddas de alimentos con 'calorías vacias' (golosinas), hacer sólo dos comidas al día y engullir los alimentos sin masticar. En edades precoces existe obsesión en algunos padres para que el niño coma mucho, sin embargo es normal una disminución del apetito hacia los dos años de edad que se corresponde con un ajuste fisiológico a sus necesidades. Más adelante, se festejan los mínimos acontecimientos de la vida del niño con la 'comida basura' y un consumo casi diario de bolsas de chucherías, bollos y refrescos. La falta de juego al aire libre o deporte y las actividades extraescolares sedentarias, además, disminuyen el gasto de energía. El hábito de ver televisión aumenta el sedentarismo y propicia comer alimentos hipercalóricos.

Sin embargo, en la regularización del apetito y del gasto de energía intervienen mecanismos complejos que escapan a la propia voluntad de la persona y que no están completamente aclarados. Podríamos decir que, en presencia de factores ambientales apropiados, desarrollará obesidad la persona 'capacitada' para hacerlo.

Una vez que la obesidad se ha desarrollado se produce una 'meseta' de peso en la que la ingesta es equivalente al gasto y el peso es estable. Si se disminuye el aporte de energía (dieta hipocalórica) y se aumenta el gasto (ejercicio físico), se consigue la pérdida de peso.

En general, y más aún en la infancia, el tratamiento de la obesidad será con estricta vigilancia médica. El niño deberá llevar una dieta controlada y sólo en contados casos los medicamentos y las técnicas quirúrgicas tienen cabida en el tratamiento. En escasos noños su obesidad es secundaria a enfermedades (hipotiroidismo) o síndromes complejos (Prader Willi) que precisan de estudio y tratamiento específico.

Los actuales cambios en el estilo de vida incluyen la modificación en los hábitos alimentarios, donde la dieta se caracteriza por ser desequilibrada y calórica. En general, los niños toman más cantidad de alimentos de la que precisan y su alimentación es rica en grasas, azúcares sencillos y en consecuencia en calorías, con un predominio de la carne, los precocinados, los dulces y un consumo insuficiente de verduras, legumbres, frutas y pescado. A esta circunstancia, se une el hecho generalizado de que muchos niños y adolescentes omiten el desayuno, una de las comidas más importantes del día, directamente implicada en la regulación del peso.

No obstante, la combinación de una alimentación inadecuada en cantidad y tipo de alimentos, y la tendencia a realizar menos actividad física relacionada con el mayor tiempo dedicado a actividades sedentarias explica. Por tanto, los malos hábitos de alimentación y un estilo de vida sedentaria son los factores responsables. Las causas de la obesidad son:

·Genéticas: se sabe que la obesidad es frecuentemente diagnosticada dentro de las familias. Por ejemplo, hay alteraciones específicas en la vía de la Leptina.

·Ambientales: el estilo de vida (dieta y ejercicio) influye considerablemente en la expresión de la obesidad.

·Síndrome de Cushing: es una alteración de la glándula suprarrenal que consiste en el aumento en la producción de cortisol, lo que lleva a la obesidad.

·Hipotiroidismo: la disminución de la hormona tiroidea puede llevar a la obesidad. Esta patología siempre debe descartarse frente a un cuadro de obesidad, sin embargo, es una causa poco frecuente.

·Insulinoma: existe muy raramente la presencia de un tumor de insulina, el cual puede llevar a la obesidad.

·Alteraciones Hipotalámicas: ciertos tumores, inflamación o traumas a nivel del Sistema nervioso Central, pueden producir alteraciones en los centros reguladores de la saciedad.

·Síndrome de Ovario Poliquístico: es las causas más comunes de la obesidad en la mujer joven. Se asocia a irregularidades menstruales, acné, hirsutismo y resistencia insulínica.

·Hipogonadismo: en el hombre, la disminución de la hormona testosterona, aumenta el tejido adiposos y lleva a la obesidad.

·Otros: enfermedades cardiovasculares, pulmonares o algunos cánceres pueden ser la causa de la obesidad.

Factores que intervienen en una obesidad infantil son:

·La conducta alimentaria.

·Consumo de energía.

·Factores hederitarios.

·Factores hormonales.

·Factores psicosociales y ambientales

Las consecuencias de la obesidad infantil:

Existen dos mayores consecuencias de la obesidad infantil.

·La primera está relacionada con cambios psicológicos. Ellos ocurren temprano en la vida e incluyen:

Baja autoestima.

Bajos resultados en el colegio.

Un cambio en la auto-imagen, particularmente durante la adolescencia.

Introversión, a menudo seguida de rechazo social.

·La segunda consecuencia guarda relación con el aumento del riesgo de desarrollar enfermedades o condiciones patológicas. Estas ocurren a una edad temprana (como por ejemplo aumento en la presión sanguínea), pero generalmente ocurren en la edad adulta. Ellas incluyen:

Aumento en la presión arterial (hipertensión).

Aumento de los niveles del colesterol general (hipercolesterolemia), especialmente del "colesterol malo".

Altos niveles de insulina en la sangre (hiperinsulinemia).

Problemas respiratorios al dormir (apneas de sueño).

Problemas ortopédicos, especialmente de articulaciones.

El mayor riesgo de la obesidad infantil es el hecho de que mientras menor sea el niño obeso, mayor el riesgo de desarrollar las complicaciones arriba señaladas durante el transcurso de su vida

Las opciones disponibles para el tratamiento de la obesidad en niños son limitadas. En adultos con obesidad, hay medicamentos disponibles para ayudar a suprimir el apetito o que interfiera con la absorción de grasas. El uso de estos medicamentos no ha sido estudiado en poblaciones pediátricas. En niños obesos, los pilares de la terapia incluyen dieta y ejercicio, ambos importantes para el control del peso sea exitoso. En niños en crecimiento el objetivo del control del peso es a menudo el mantenimiento del peso, o sea mantener el peso actual mientras el niño crece en estatura, de esta manera alcanzando un BMI más apropiado. Los objetivos de calorías pueden ser estimados más efectivamente trabajando con un experto en nutrición (nutritionist), quien puede asesorar a la familia acerca de dichos objetivos, cómo estimar los tamaños de las porciones, y cómo hacer las elecciones apropiadas en cuanto a alimentos. El ejercicio debe consistir de 30 minutos de actividad aeróbica (caminar energéticamente, nadar, o andar en bicicleta) todos los días.

Las terapias de comportamiento también son útiles en el tratamiento de la obesidad. La mejor técnicas es que el niño se vigile a sí mismo, manteniendo un diario del ejercicio hecho y los alimentos comidos. Si el padre o madre de un niño más grande de edad trata de regular la dieta, el plan a menudo falla cuando el niño haya otras maneras de obtener alimentos. Los cambios en el comportamiento que son importantes incluyen sentarse a comer en la mesa, en lugar de comer enfrente de la televisión, siendo que estudios han mostrado que es más probable que los niños que miran la televisión consuman más calorías. Las comidas deben de ser hechas en un horario regular, para que el niño aprenda la hora apropiada para las comidas y minimice los refrigerios entre comidas. Fortalecer la autoestima y alentar al niño a tratar el control de peso con una actitud positiva también contribuirán a alcanzar el éxito.

La obesidad es una cuestión significativa en nuestra sociedad hoy día. Los niños obesos tienden a convertirse en adultos obesos; las complicaciones por la obesidad incluyen enfermedad cardiovascular, diabetes, e hipertensión. Un buen cuidado preventivo debe incluir la identificación de la obesidad, la identificación de cualquier complicación, y la iniciación del tratamiento.

El tratamiento debe ser personalizado y para ello debe efectuarse un buen diagnóstico. Las medidas a tomar básicamente son

·Modificar el estilo de vida.

·Dieta.

·Ejercicio.

·Tratamiento Médico según patología específica.

·Cirugía, para casos refractarios a tratamiento médico.

La niñez es una etapa en la que es factible cambiar conductas. Es el momento en que se conforman los hábitos, se estructura la personalidad y se pueden establecer patrones que en el futuro será más difícil cambiar. Por ello es importante que todo aquel que esté involucrado en la educación de un niño, su familia en primer lugar, concentre esfuerzos en promocionar un estilo de vida saludable (dieta equilibrada, práctica regular de ejercicio). No se trata sólo de ordenar una conducta, sino de que en el entorno familiar del niño se practiquen hábitos correctos.

Uno de los cambios de hábitos de consumo observados en los últimos años es la disponibilidad económica de los niños, unida a una oferta ilimitada de productos fuente de 'calorías vacías' (bollería industrial, golosinas, snacks, bebidas azucaradas…). A todo esto se unen las fuertes campañas de marketing emprendidas por grandes compañías que comercializan comida rápida asociada a juguetes coleccionables muy apetecibles para los niños, por lo que la asistencia habitual es masiva a este tipo de restaurantes donde el denominador común es una comida desequilibrada por su excesivo aporte graso y calórico.
La familia también juega un papel trascendental. Ciertos errores dietéticos entre los progenitores favorecen el aumento de peso de los pequeños, como la verdadera obsesión de muchos padres y madres para que el niño coma mucho, convertir la comida en premio o castigo por algún comportamiento, premiar la buena conducta con golosinas u otros alimentos calóricos, festejar los mínimos acontecimientos de la vida del niño con "comida basura", permitir el consumo casi diario de chucherías, bollería y bebidas azucaradas, y recurrir con frecuencia a la preparación de platos precocinados por la falta de tiempo, entre otros.






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