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Adaptación Curricular


ADAPTACIÓN CURRICULAR PARA ALUMNOS CON BAJAS CAPACIDADES


Antes de establecer una ADAPTACIÓN CURRICULAR INDIVIDUAL (ACI), es necesario tener un adecuado conocimiento del alumno. Los diagnósticos basados en la simple observación no suelen ser del todo fiables. Sin embargo, una evaluación psicoeducativa ajustada nos proporcionará la información pertinente para averiguar las causas de la baja competencia y, así, poder adaptar a cada caso los Objetivos de Aprendizaje formulados en la Programación de Aula ordinaria; todo esto se amplía en los apartados siguientes.

1. Evaluación de los grados y formas de aprender

Para obtener un diagnóstico fiable, se necesita una evaluación por parte del Departamento de Orientación sobre los grados y formas de aprender del alumno (capacidades, habilidades, estrategias y estilo) con el fin de determinar qué Objetivos de Aprendizaje de las Programaciones de Aula ordinarias conviene eliminar o modificar. En este sentido, el Orientador, además de llevar a cabo un estudio científico y riguroso, debe concretar los resultados obtenidos en un informe sencillo, para que los profesores puedan desarrollar en sus clases las orientaciones propuestas.
Este informe del Orientador ha de completarse con una evaluación de la Competencia Curricular por parte del Profesor y, así, poder determinar los Objetivos de Aprendizaje que deben incorporarse de cara a recuperar conocimientos previos.
En consecuencia, la evaluación se concreta de la manera siguiente:

a) Evaluación de las capacidades en un contexto estático: Una forma clásica de realizar este tipo de evaluación es utilizar pruebas psicométricas para medir aquellas capacidades del alumno más relacionadas con su rendimiento académico. Estos resultados se concretan en una medida general del «cociente intelectual» (CI) y en un análisis pormenorizado de cada capacidad (reconocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y valoración).
Con estos resultados, obtenemos un primer perfil con los puntos fuertes y débiles que presenta el alumno en cada una de estas capacidades. De esta manera, se determina, con carácter general, qué Objetivos de Aprendizaje habría que mantener y cuáles eliminar por tratarse de capacidades muy distantes con relación a las posibilidades reales del sujeto.

b) Evaluación de las habilidades en un contexto dinámico: La información que nos proporcionan los tests psicométricos no es completa, dado que podemos encontrarnos con alumnos que, aun obteniendo resultados satisfactorios en dichos tests, no logran el rendimiento esperado. En este sentido, vemos que no hay correlación entre las capacidades que medimos con las tareas que se presentan en un test de manera descontextualizada y esas mismas capacidades puestas en práctica a través de las habilidades cognitivas que se exigen en un contexto real de aprendizaje.
Este nuevo enfoque aborda la inteligencia desde una perspectiva aplicada; es decir, ver cómo pone en práctica sus capacidades tanto de manera autónoma como a través de experiencias de aprendizaje mediado. Estas actividades y tareas que llega a realizar el sujeto con ayuda son las que van a permitir evaluar su potencial de aprendizaje.
Es obvio que esta tarea no es fácil; se necesita cierto tiempo para hacer una evaluación completa de las habilidades. Además, han de tenerse en cuenta otras variables que condicionan el desarrollo de las habilidades, como son las estrategias y el estilo de aprendizaje.
Las estrategias de aprendizaje se refieren al modo en que el estudiante concreta de manera intencional sus habilidades. En este sentido, habría que averiguar, en primer lugar, cómo el alumno recibe la información evaluando sus estrategias atencionales. En segundo lugar, habría que ver si su «memoria de trabajo» tiene facilidad de retención, utilizando estrategias de asociación entre los elementos informativos; al mismo tiempo, convendría saber qué herramientas de elaboración utiliza para organizar la información y cómo la integra en su «memoria permanente». Una vez integrada la información, habría, por fin, que averiguar cómo la recupera y utiliza.
Por otro lado, el estilo de aprendizaje guarda una gran relación con el rendimiento académico, ya que hace referencia al perfil estratégico, es decir, al conjunto de estrategias que utiliza el alumno a la hora de aprender. Es evidente que, con un mismo perfil intelectual, rendirá más un alumno que, por ejemplo, esté motivado, aborde las tareas de forma reflexiva y posea un buen autoconcepto, que otro con perfiles opuestos.
Por consiguiente, hay que tener en cuenta que el potencial de aprendizaje está muy condicionado por las estrategias que utiliza el alumno para poner en práctica sus habilidades, y también por su perfil para aprender, que se concreta en el ámbito educativo a través de su estilo de aprendizaje. Pues bien, una evaluación dinámica de las habilidades cognitivas, completada con la evaluación de las estrategias y del estilo de aprendizaje, nos ayudará a matizar aquellas primeras decisiones derivadas de la evaluación de capacidades relativas a los Objetivos de Aprendizaje que conviene modificar. Si solamente hiciésemos una evaluación de capacidades, no sabríamos hasta dónde podrían llegar las posibilidades del sujeto con un entrenamiento estratégico ajustado.

c) Evaluación de la Competencia curricular: A través de la evaluación de la competencia curricular, es necesario determinar lo que el alumno no sabe pero debería conocer porque constituye algún prerrequisito necesario para acceder a nuevos conocimientos. Ello nos obligará a incorporar aquellos Objetivos de Aprendizaje que pertenecen a cursos anteriores y no han sido alcanzados.
Para llevar a cabo esta valoración, los profesores de cada Área pueden hacer uso de plantillas como las que se incluyen en Álvarez, et al. 2002. Diversidad con Calidad. Capítulo 7, Anexo 1. Madrid: CCS.

2. Informe psicoeducativo

Los resultados de la evaluación deberán concretarse en un informe (se incluye un modelo en Álvarez, et al. 2002. Diversidad con Calidad. Capítulo 7, Anexo 2. Madrid: CCS) en el que se trata de reflejar los siguientes extremos:
a) La solicitud y el motivo de la exploración.
b) La evaluación de las capacidades, de las habilidades, de las estrategias y estilo de aprendizaje que utiliza el alumno, así como su nivel de competencia curricular y su adaptación al contexto.
c) La orientación sobre qué Objetivos de Aprendizaje hay que eliminar, modificar o incorporar. El conjunto de todas estas decisiones sobre los Objetivos de Aprendizaje de la Programación de Aula de referencia constituyen el eje central de la nueva propuesta o Adaptación Curricular Individual.
Además, en las orientaciones se debe reflejar la previsión de los apoyos, indicando en cada caso el tiempo que se les ha de dedicar. En primer lugar, estos apoyos tendrán como meta adquirir, previo entrenamiento en las oportunas estrategias de aprendizaje, los prerrequisitos necesarios para poder alcanzar los Objetivos de Aprendizaje previstos y, así, avanzar en el aprendizaje. En segundo lugar, el apoyo también se necesita para subsanar algunas de las dificultades de acceso al Currículum, es decir, aquellas que no pueda llevar a cabo el profesorado en el aula ordinaria; puesto que en esta ya se pueden aplicar Adaptaciones de Acceso, tales como cambios metodológicos, agrupamientos flexibles, refuerzos, comunicación alternativa para sordos, «braille» para ciegos, «bliss» para paralíticos cerebrales, autocontrol para hiperactivos, etc. Así pues, el «aula de apoyo» nunca será un sustitutivo del «aula normal» de referencia.
Por último, en el apartado de orientaciones, se puede indicar también el modo de actuar en casa con el fin de desarrollar estrategias de autorregulación y control.

3. Propuesta Curricular

La elaboración de la propuesta curricular para alumnos con bajas capacidades supone revisar el planteamiento hecho en el Proyecto Educativo y Curricular, para así abordar la Programación de Aula, de la manera siguiente:
Como consecuencia de los resultados de la evaluación recogidos en el informe psicoeducativo, hay que tomar decisiones sobre los Objetivos de Aprendizaje de la Programación ordinaria, eliminando unos, modificando otros y ampliando la programación con aquellos prerrequisitos demandados por el déficit en la competencia curricular del alumno. Estas decisiones se pueden tomar cuando los Objetivos de Aprendizaje se han formulado y graduado en una Programación flexible según la secuencia de capacidades (Re, Co, Ap, An, Si y Va); lo que permite determinar hasta dónde puede llegar y se puede exigir al alumno.
Cuando se trate de alumnos superdotados, veremos que hay que empezar la adaptación en los primeros pasos de la Programación de Aula. Para estos alumnos con bajas capacidades, es suficiente incidir directamente en los Objetivos de Aprendizaje ya formulados y secuenciados.
La atención a la diversidad en el caso de alumnos con n.e.e. asociadas a bajas capacidades conlleva medidas de apoyo que pueden favorecer su independencia personal, el rendimiento académico, la interacción social, el lenguaje y la integración laboral, por medio de algún programa de intervención.
Según la cantidad de Objetivos de Aprendizaje incorporados, podemos hablar de diferentes grados en la intensidad de los apoyos: intermitente, limitado, extenso y generalizado. De este modo, la programación del «aula de apoyo» vendrá indicada en la misma ACI.
Por último, además de los Criterios de Promoción generales, hay que determinar también algunos criterios específicos para los alumnos con «necesidades educativas especiales». Así, un alumno podrá promocionar según su nivel de integración social o no promocionar, si esto último sirve para aumentar la posibilidad de conseguir mayor número de Objetivos de Aprendizaje.

En Álvarez, et al. 2002. Diversidad con Calidad, Capítulo 7. Madrid: CCS, se pueden consultar modelos de ACIs para alumnos con bajas capacidades.

Puede amplirse la información en el libro:

Álvarez et al. (2002). Diversidad con Calidad. Programación flexible.

Madrid

Editorial CCS.






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