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Discriminación de Menores


La teoría del etiquetado o como se discrimina a los menores

La evaluación es algo actual, todo es evaluable, todo es medible y todo puede ser cuantificable y por tanto de ahí alentarnos a emitir nuestro juicio sobre algo. De alguna forma todos y en todo momento evaluamos una situación y la clasificamos en una o tal categoría; ésta “gracia” de las personas, de los humanos, es una habilidad que hemos venido desarrollando principalmente producto de nuestra adaptabilidad al medio; medio que por lo demás, generalmente es hostil (el desierto, el frío, la pobreza, el trabajo, etc.).

Las distintas disciplinas han conformado y elegido cada una de ellas sus formas particulares de evaluar, medir u observar sus objetos de estudios, así por ejemplo la química es a los átomos como lo es la medicina a la salud, la psicología a la conducta y también la inteligencia. Esta última relación no deja de ser complicada, ya que cuando se trata de evaluar o de diagnosticar facultades o habilidades humanas el terreno de lo subjetivo que surge en la apreciación de quién evalúa también entra en juego, o al menos debiera considerarse. Para ello se han llevado a cabo múltiples investigaciones y experiencias durante años, para lograr escapar de esta subjetividad y por tanto llegar a ser los más estricto posible al momento de evaluar sin caer en el etiquetamiento. No obstante, al analizar el fenómeno de la evaluación, pareciera ser que inevitablemente se cae de una u otra forma en el encasillamiento, a esto además hay que agregar las consecuencias sociales que asume aquel que es clasificado, pues la pregunta que surge entonces ¿quién evalúa o clasifica a las personas?, ¿quién es el que determina los parámetros de normalidad o desviación y en qué entorno social se da dicha situación?

Al respecto, en la actualidad ha surgido una línea teórica que precisamente observa dicho fenómeno de etiquetamiento; la teoría del etiquetado no centra su atención en la naturaleza psicológica o en la motivación de los actos de desviación. Su interés se decanta más bien hacia quien recibe la etiqueta de desviado y por qué. (A. Coulon 1995).

El mismo Coulon citando a Becker establece que el hecho central de la desviación reside en que es la sociedad quien la crea...es decir, que los grupos sociales crean a los desviados a través de la institución de reglas cuya transgresión constituye la desviación, y de la aplicación de esas reglas a determinados individuos, que les designan como desviados.

Actualmente son muchos los niños etiquetados que asisten a las escuelas[1], aquellos que presentan algún grado de inmadurez o retraso del lenguaje por ejemplo se les sugiere de formas muy sutiles a abandonar sus colegios de origen por otros que deseen trabajar con ellos o que estén preparados para niños “así”, generándose una especie de curriculum educacional estandar, para niños estandar y con evaluaciones estandar.

Quizás una de las angustias más grandes de aquellos padres que asisten a la consulta psicopedagógica sea la incomprensión y la poca aceptación que perciben hacía sus hijos, principalmente porqué viven en carne propia la intolerancia a la diversidad que tanto se pregona.

Quizás una sugerencia a tomar en cuenta sería la de trabajar en forma conjunta, las distintas redes de apoyo que emergen desde las instituciones educativas básicas, media y superior para conversar el tema y acordar la manera de darle legitimidad de una vez por todas a las políticas de Integración, para que aquellos que no participan de la vida social de la mayoría, puedan hacerlo a partir de su absoluto derecho.

Luis Patricio Ibáñez Huerta (pibanez@ujso.cl)

Licenciado en Educación - Psicopedagogo

Docente Esc. Educación Universidad José Santos Ossa

Antofagasta – Chile 2001


[1] Las psicometrías o los diagnósticos psicopedagógicos muchas veces pretenden ir en ayuda del menor, no obstante la paradoja de éstos es que terminan etiquetando al niño, el colegio y los profesores confirman su situación de “sujeto con problemas” y su grupo de pares también lo hace, tanto en los juegos, en los sobrenombres, en su cotidaneidad. En definitiva el menor se integra, pero se integra como un menor distinto a los otros, tanto en su autoconcepto como en la designación social de su comportamiento.







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