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La autoridad al servicio de la educación


LA AUTORIDAD

Al servicio de la educación

en el hogar y la escuela

LEONARDO ROMERO S.

Codirector CAC

Email : cac1@tutopia.com y caccol@hotmail.com

Colombia


Educar hijos y estudiantes es un arte y una tarea compleja que no siempre se vive con éxito. El gran reto es formar de tal manera que niños y niñas desarrollen autonomía, responsabilidad, valores, actitudes y virtudes para una CONVIVENCIA basada en el respeto, la tolerancia, el diálogo, la justicia y la equidad.

La escuela y la familia ejercen sus funciones educativas desde ciertos “paradigmas” y “esquemas” que implican necesariamente un ejercicio de AUTORIDAD. Padres, madres y docentes se diferencian en función de los diversos modelos que practican para ejercer AUTORIDAD en el hogar y la escuela: paternalismo, permisividad, autocracia, indecisión y el modelo educativo. Cada uno tiene un impacto, efecto y consecuencias en la calidad de la formación de hijos y estudiantes. A cada modelo le subyace un concepto de AUTORIDAD y PODER, una imagen de lo qué debe ser y hacer un padre, madre o docente, y por tanto, unas determinadas prácticas de AUTORIDAD.

Existen suficientes investigaciones y experiencias que evidencian desventajas, inconvenientes y efectos negativos de ciertos estilos de AUTORIDAD sobre la formación de hijos y estudiantes, la calidad del ambiente familiar- escolar y la salud mental de adultos, hijos o estudiantes. Sin embargo, y muy a pesar de los pobres resultados, los adultos continúan practicándolos y ejerciéndolos como si no hubiese alternativas más efectivas para educar en el hogar o la escuela.

La rebeldía, las luchas de poder, la sumisión, la inhibición, la inseguridad, altas exigencias perfeccionistas, el funcionamiento por control externo, etc. están asociadas a pautas autocráticas de educación; la irresponsabilidad, la falta de límites, la tiranía, problemas de conducta social, etc. están asociadas con pautas permisivas; dependencia emocional, inseguridad, falta de autoafirmación, pasividad etc. se relacionan con patrones paternalistas o sobreprotectores; la autonomía, la seguridad emocional, una positiva autoestima, la capacidad para resolver conflictos adecuadamente, las conductas de cooperación y ayuda, se relacionan con modelos democráticos.

Debido a múltiples factores del mundo contemporáneo la familia y la escuela han perdido liderazgo y efectividad en la función de formar valores, moralidad, actitudes y habilidades para la CONVIVENCIA HUMANA. Padres, madres y docentes contemporáneos se han quedado cortos e insuficientes en sus habilidades para desarrollar disciplina, fijar límites, desarrollar autonomía, responsabilidad, etc. Los esquemas con que han funcionado la familia y la escuela se han hecho disfuncionales para lograr las metas formativas que respondan a las exigencias, demandas y características del momento histórico que vivimos.

Es un hecho que han operado cambios en los esquemas de formación familiar y escolar. Muy a pesar de que “las relaciones de poder” basadas en el AUTORITARISMO han sido objeto de cuestionamientos y modificaciones, podría decirse que, en lo fundamental, aún predomina una tradición punitiva, dominante e impositiva, basada en el ejercicio del PODER AUTORITARIO, incluso disfrazada en ocasiones de democracia. Los tiempos modernos exigen un replanteamiento de lo que significa autoridad, roles de autoridad y el ejercicio del poder.

Para padres, madres y docentes es un dilema el ejercicio de la AUTORIDAD sin hacer daño; sin perder influencia y sin ejercer AUTORITARISMO; con una finalidad formativa y no retaliativa; con



una pretensión educativa y más no autoritaria; basada en la comprensión y no en el dogma; orientada por el amor y no por la opresión.

Tanto en la familia como en la escuela los adultos necesitan influir sobre hijos y estudiantes para formarles, en otras palabras necesitan PODER, poder entendido como “capacidad para influir en otros”. Lo que diferencia los hogares y las escuelas entre sí es el TIPO DE PODER en que se basan para formar, es decir, las estrategias que utilizan para influir en hijos y estudiantes.

Los adultos oscilan entre la AUTOCRATICIA y el PATERNALISMO-PERMISIVO, con momentos de INDECISION. Algunas familias y escuelas viven “la tiranía de los adultos” sobre hijos o estudiantes, en otras, por el contrario, se vive “la tiranía de hijos o estudiantes” sobre los adultos. Existe una alternativa: la AUTORIDAD de los adultos al servicio de hijos y estudiantes para fortalecer una relación básica que favorece el crecimiento y desarrollo personal de padres, madres e hijos o de docentes y estudiantes.

En la familia y las escuelas hay dificultades para lograr control sobre la calidad de la vida familiar y escolar. Es frecuente la queja de padres, madres o docentes relacionadas con problemas de relación con hijos y estudiantes, la disciplina, la desobediencia, la agresión, los problemas de poder, etc.

La tendencia contemporánea se orienta cada vez más hacia la búsqueda de una AUTORIDAD al SERVICIO del CRECIMIENTO, es decir una AUTORIDAD constructiva y formativa. Una meta importante de la educación familiar y escolar es contribuir al desarrollo de una AUTONOMIA RESPONSABLE, de una PROPIA AUTORIDAD INTERNA y de una capacidad para tomar decisiones morales basadas en la convivencia.

Para los adultos no siempre es fácil practicar esta dimensión de AUTORIDAD al servicio del potencial de hijos o estudiantes. Muchas de estas dificultades podrían explicarse en razón de que no tienen clara conciencia de su misión como educadores, tienen actitudes negativas respecto al manejo del poder, practican estilos inadecuados de educación y tienen déficits en habilidades para una paternidad, maternidad y docencia eficaz.

El amor y la intuición son insuficientes para desempeñar eficazmente funciones de formación y educación en el hogar y la escuela, una gran mayoría de adultos quieren, aman y aprecian a hijos y estudiantes, pero adolecen de habilidades y estrategias necesarias para establecer normas, límites y consecuencias, desarrollar disciplina familiar y escolar, resolver conflictos, estimular el desarrollo de virtudes básicas para la convivencia, comunicarse efectivamente, expresar afecto, etc.

Desde la perspectiva de la promoción de una CULTURA PARA LA CONVIVENCIA SOCIAL proponemos un proceso de talleres y experiencias formativas para padres, madres, docentes y estudiantes que tendrían como finalidad sensibilizar, motivar procesos de cambio, desarrollar habilidades y estrategias prácticas que permita educar, en, para y desde, la CONVIVENCIA.

Creemos posible la estructuración exitosa de valores y actitudes que favorezcan la práctica de una AUTORIDAD al servicio, que desarrolle lo mejor de cada cual, que saque a la luz las virtudes necesarias para una convivencia basada en la autonomía, el respeto, el diálogo y la tolerancia. Esto puede ser posible a través de procesos formativos basados en una metodología vivencial, experiencial, problematizadora, reflexiva, activa y participativa, en las que cada adulto se hace cargo del propio proceso de aprendizaje y cambio.








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